Estamos todos de acuerdo en que votar es lo más sano que existe en democracia, pero un país como el nuestro no puede soportar cuatro elecciones concentradas en diez meses, porque hay dos presidentes como el catalán Mas o la andaluza Díaz que anteponen sus intereses particulares a los intereses generales. El primero en sorprendernos fue
Artur Mas, donde en una ida más de olla en ese camino absurdo hacia donde nadie sabe nada, anunció con nueves meses de anticipación las catalanas. Y ahora, Díaz, quizás para frenar a Podemos o bien por otras razones que ya se conocerán, las sitúa en 22 de marzo. Dos comicios antes de verano y dos después. No hay más fechas para encajar. Aparte, las que ya se sabían tanto en mayo las municipales y las autonómicas como en noviembre las generales. Desde luego, es muy sano votar, pero si convocáramos las elecciones con cabeza nos iría mucho mejor.
Es someter al país a una campaña electoral casi permanente desde primeros del próximo mes de marzo. No hay economíma productiva que lo resista. Se estará trabajando para elecciones y no para gobernar.





