Se cumplen casi tres meses de la entrada masiva, casi tres meses desde que la frontera entre Ceuta y Marruecos desapareciera por completo permitiéndose la entrada de miles y miles de personas. Casi tres meses llenos de incógnitas hirientes.
Hoy, ni siquiera se sabe el número de personas que cruzó ese espigón. Tampoco las que, en base a esas mismas estadísticas, quedan todavía en Ceuta.
Es un derecho del ciudadano saberlo y una obligación del Gobierno de España empezar a hablar con claridad de todo esto. No lo hace. No se leen más que titulares complacientes que no llevan a nada porque se sigue sin conocer la realidad de lo que pasó ese 30 de julio que tan graves consecuencias ha tenido para Ceuta.
“Esto no lo aguanta nadie”, comunicaba ayer el propio presidente de la Ciudad, Juan Vivas. No le faltaba razón. No se puede vivir sin información, no se puede vivir sin datos, no se puede permanecer sin saber la envergadura de lo que supuso ese 30 de julio.
Un pueblo engañado. En eso es en lo que se ha convertido Ceuta. Engañado desde el primer momento en el que, con los avances y medios existentes, un Gobierno es incapaz de informar, casi 3 meses después, sobre cuantas miles de personas llegaron a entrar y qué se sabía de todo esto antes de que se produjera el gran desastre para esta ciudad.
Porque para hablar de una vuelta a la normalidad primero hay que contar la verdad. De momento no se ha hecho, nada más que asoman versiones, muchas veces enfrentadas. Y lo más grave, pareciera que se pretende una politización de todo lo que sucede desviándose los asuntos que afectan e interesan al ciudadano para generar polémicas.
En eso no nos pueden encontrar, porque eso no supone más que perder el tiempo y no centrarnos en lo que todo los ceutíes quieren: vivir como antes del 30 de julio.
Y para ello hay que conseguir que barriadas castigadas vuelvan a disfrutar de su día a día, o que Ceuta no entienda como normal disponer de decenas de asentamientos distintos por las consecuencias de ser ciudad frontera.
No se han resuelto expedientes, se actúa en desalojos que terminan siendo meros traslados y tampoco hay soluciones para los menores que siguen pernoctando en barrios y calles, sin estar ni filiados ni protegidos. Menores que reclama Marruecos, pero sobre los que no se aceleran los trámites para su repatriación. ¿Cómo puede ser que un país no proteja a sus propios nacionales?, ¿cómo de buenas son unas relaciones con el llamado socio fiable si se está demostrando a diario la incapacidad para poder salir de toda esta crítica situación?
El presidente de la Ciudad, Juan Vivas, ofreció este lunes un balance de lo que ha supuesto esa entrada masiva. Sustenta sus apreciaciones en estadísticas y puros datos objetivos. Nadie puede contrarrestar una verdad que se basa en las estadísticas públicas a los que todos tienen acceso, salvo que se incurra en un discurso tan criticado como falso, centrado en subjetivizar todo lo que ocurre.
Ceuta se merece volver a la normalidad, urge hacerlo, pero para ello, antes debemos saber la verdad.






