Estuve muy atento a la rueda de prensa que ofreció ayer el ya ex-viceconsejero de Medio Ambiente, Rachid Ahmed. Y en el auténtico mitin que ofreció (me llamó la atención como miraba a la cámara, a lo mejor ha hecho el curso de telegenia que el PP suele ofrecer en la sede central a sus cargos públicos) llegó un momento donde dijo que se reservaba algunas cosas, echando una sonrisa.
Todos los que allí estábamos entendimos que estaba tirando la piedra y escondiendo la mano. Que amagaba, pero no daba. Que se guardaba, no sabemos qué, un as en la manga. Y entonces me acordé de un hecho que usted protagonizó en este periódico en la primavera de 2011. Porque resulta que cuando usted se pone nervioso, no solamente pierde los papeles, sino que amenaza. Volviendo a aquella escena de la primavera de 2011. Para que nos situemos, recordemos que nos encontrábamos en plena época de formación de la lista del PP. Publiqué una información, donde además de otros nombres, afirmaba que lo más probable es que Rachid Ahmed no repitiera. Pues bien, al día siguiente se presentó hecho un basílico en el periódico, más o menos me iba a ajustar las cuentas y además dijo en voz en grito, testigos muchos compañeros de redacción, que si le dejaban fuera de las listas iba a tirar de la manta. Es lo que le digo, si de verdad hay algo denunciable que usted sepa, vaya al Juzgado de guardia, pero no amenace tanto. Fijése que tuvo que venir una compañera de su partido para que se marchara, y era una de esas viceconsejeras no electas a las que usted no da ningún mérito para estar en el Gobierno y que, sin embargo, a las duras y a las maduras siempre ha estado en el mismo lugar, sin cambiarse.





