• Diez marroquíes han pedido asilo y protección argumentando que sus vidas corren peligro en Marruecos al ser homosexuales

  • Viven en el CETI y narran los horrores que viven al otro lado

Ser diferente en un país que responde con castigos a quienes quieren de otra forma es duro. En Marruecos eso sucede con los homosexuales. Su vida se desarrolla marcada por el miedo, tienen que ocultar algo tan puro como el cariño, se les niega el trabajo, incluso el estudio.

En las dos últimas semanas, diez marroquíes de entre 19 y 33 años, han pedido asilo y protección en Ceuta, argumentando los peligros derivados de su condición sexual. Ahora están en el CETI, agradecen las atenciones de la dirección pero temen los peligros que encuentran entre otros internos que no les respetan o los que pueden hallar en la calle.

Ellos constituyen esa especie de invisibles, son protagonistas de persecuciones difíciles de entender hoy en día, pero que son reales, que al otro lado de la frontera se convierten en excesivamente peligrosas.

“No se puede vivir en Marruecos, no puedo estar con mi novio en la calle. Si te ve la gente coge piedras para pegarte. Si acudes a la Policía te dicen que eres maricón, mejor que mueras”, explica A.H. uno de estos jóvenes, en un encuentro mantenido con FAROTV. “Allí tenemos peligro, pero no puedes hacer denuncia porque te dicen tú maricón”.

Todos ellos confiesan haber venido a Ceuta para buscar esa seguridad que no encuentran en su país. Por eso han pedido asilo, porque aquí, dicen, hay libertad. Proceden de distintos puntos de Marruecos como Tánger y Tetuán, pero no se conocían entre ellos. Ahora sí marchan juntos tras unirse en el camino, en el CETI y confían en que la protección pedida les sea concedida para seguir con sus vidas.

Reconocen que en la calle han tenido problemas. Que se topan con personas que incluso han querido agredirles, por eso procuran ir unidos o permanecer en el propio centro del Jaral.

“Aquí en la calle nos han querido pegar, nos han sacado cuchillos. Nos insultan, también a algunos marroquíes no les gusta que seamos homosexuales”, explican. Algunos protagonistas de esta historia ya habían estado en Ceuta con anterioridad pero en la calle y uno de ellos en el centro del Jaral pero tuvo que marcharse tras varios por problemas con otros internos, sobre todo argelinos. Ha sido ahora cuando todos ellos han pedido protección y se les ha ingresado en el CETI a la espera de que sus solicitudes sean resueltas.

“Cuando nosotros decimos que somos homosexuales no podemos trabajar. Nunca he podido”, explica uno del grupo. “Tengo tres diplomas y no he podido conseguir nada”. Tampoco, a pesar de ser buenos estudiantes, han podido finalizar su formación. No se les quiere en los colegios.

“Antes de la fiesta del Cordero tuvimos muchos problemas, con lucha con mis padres…”, explica uno de estos jóvenes, interrumpido por otro que recuerda la milagrosa intervención de un vecino en su casa de Tánger para evitar que su propio padre terminara con su vida al descubrir que era homosexual.

A Marruecos no pueden volver. Quieren que se les respete y ayude, que puedan terminar sus estudios, trabajar, que por su condición sexual no se les discrimine. Sencillamente vivir y hacerlo en libertad.