En un mismo día, dos de las áreas que siguen dependiendo de Madrid alzan su voz y no precisamente para bien. Justicia y Educación no se sienten queridas ni protegidas. A este lado del Estrecho, seguimos arrastrando deficiencias judiciales que nos sitúan a un nivel inferior del resto de España, anulando ese mensaje de que todos los territorios somos iguales para el Ministerio. Eso no se lo cree ninguno de los ‘pinochos’ que han pasado por Ceuta para prometer lo mismo, lo nunca cumplido.
CCOO-Justicia, a quien habría que darle un premio a la constancia, vuelve a la carga con la nueva sede judicial. Ese fantasma asentado en el Banco de España del que nada se sabe porque nada se clarifica. Un ejemplo más de la dejación de un Ministerio que tiene a Ceuta como lo tiene: sin infraestructuras dignas y sin medios internos que funcionen de manera adecuada para evitar las sangrías judiciales que, en muchos casos, se han traducido en suspensiones de juicios, que es el mayor de los fracasos que puede generar este sistema.
En Educación no vamos a mejor. Toda una Junta de Personal Docente se une para advertirle al Ministerio que deje de ningunear a Ceuta. Hablan de “estrafalaria” gestión, nada nuevo bajo el sol. Si uno mira hacia atrás comprenderá cómo para Madrid las cosas que suceden en Ceuta siempre tienen sus propios y particulares tiempos, que van mucho pero mucho más despacio que de Algeciras hacia arriba.
Cuando hay que llamar a Madrid, cuando hay que preñar el discurso de críticas, es que algo no funciona como debiera.
Lo más grave es que todo esto afecta a áreas sensibles como la justicia, la educación y, no menos importante, la sanidad. Vamos siempre por detrás, siendo víctimas de gestiones centralizadas que no están a la altura de lo que puede demandar un territorio como es el de Ceuta o Melilla. Ciudades hermanas para todo, lo bueno y lo malo. Ciudades hermanas para sufrir los desplantes de una administración central que no entiende aún la singaluridad de los que deben ser tratados con especial atención. Es como si al otro lado estuvieran afectados por una nube que los aísla del verdadero dramatismo que se registra.
Nos podemos rasgar las vestiduras porque Marruecos diga que no tiene fronteras con España, podemos llenar páginas y páginas de comunicados, obviando que más allá de las trifulcas trasnochadas, aquí se soportan pisotones sobre los que nadie se pronuncia.






