Desde que la convivencia empezó a ser un término con el que sacar rédito político dejó de cobrar su sentido puro para transformarse en un negocio, en una mera campaña de imagen. En Ceuta se suelen dar esos momentos cíclicos en los que parece que la tempestad va a terminar con la calma. Después, sin que nadie encuentre una explicación, todo parecer olvidarse y los sarpullidos se esconden hasta la próxima. En medio de estos ríos revueltos siempre se asoman los pescadores ávidos de negocio, capaces de cambiar de traje porque son piratas aficionados. No defienden una ideología concreta o un proyecto determinado, simplemente protegen su bolsillo.
Ahora el traje de moda es el de la convivencia y los negociantes son los transformados: aquellos que hace unos meses eran los enemigos auténticos de esa normalidad porque despreciaban no solo a las culturas sino a los que no pensaran como ellos, pero ahora se presentan en redes sociales como los más puros y los que se permiten dar ejemplo al resto.
Uno se puede poner todos los trajes que quiera, que su pensamiento seguirá siendo el mismo. Uno es racista hasta la muerte, puede colgarse el vestido de la convivencia e infiltrarse entre los que siempre la han defendido partiéndose la cara en los peores tiempos, que en su intimidad verá a los demás como personas inferiores. Ahora, con la redes sociales salen los valientes de los me gusta. Unos valientes que cuando había que partirse la cara en la calle se escondían y agachaban la cabeza porque en lo virtual todos somos muy valientes pero en el cara a cara demasiados pierden esa gallardía.
Sí, ha habido épocas en las que los del brazo en alto y el discurso fácil se escondieron, no dieron la cara en tempestades impensables porque en el fondo no creían en la convivencia y aplaudían las burradas que se decían en la calle. Ahora, transformada y degenerada esa imagen que tenemos del respeto, se permiten el lujo de enarbolar la bandera de los puros frente al resto a los que consideran cobardes. Pero no, ellos en el fondo lo que están mirando son sus bolsillos, sus negocios, su manera de seguir aprovechándose de los demás y de seguir menospreciando mientras ganan pasta.
Lo han hecho siempre, la clave está en saber reconocerlos. Antes y ahora.
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