Hay momentos en los que las siglas deben quedarse a un lado.
Hoy no quiero hablar como portavoz del Grupo Socialista. Hoy quiero hablar como ceutí. Como alguien que ama esta tierra, que ha nacido aquí y que siente la misma preocupación que miles de vecinos cuando salen a la calle y contemplan una situación que jamás habíamos vivido con esta intensidad.
Me preocupan nuestros empresarios, que ven cómo la actividad económica se resiente. Me preocupan nuestros jóvenes, que vuelven a preguntarse qué futuro les espera. Me preocupan las familias, los trabajadores, quienes sostienen nuestros servicios públicos y quienes, desde hace días, están haciendo un esfuerzo extraordinario para que Ceuta siga funcionando.
Por eso firmé, sin dudarlo, el manifiesto conjunto de los portavoces de la Asamblea. El presidente Juan Vivas conoce perfectamente cuál ha sido mi posición desde el primer momento. En situaciones como esta no caben cálculos políticos. Ceuta necesita unidad, firmeza y soluciones.
No aceptaré que se obligue a elegir entre humanidad y responsabilidad. Se puede defender la dignidad de las personas y, al mismo tiempo, exigir que España proteja eficazmente su frontera. Una cosa no excluye a la otra.
Porque el origen de esta crisis no está únicamente en la emergencia humanitaria que hoy contemplamos. También estamos ante un desafío a la integridad territorial de España y ante una presión que nuestra ciudad no puede seguir soportando sola. Ceuta no puede convertirse cada cierto tiempo en el instrumento con el que otros lanzan mensajes políticos o diplomáticos.
España tiene que estar a la altura. Europa también.
Ya llegará el momento de analizar qué decisiones fueron acertadas y cuáles no. Llegará el momento de exigir responsabilidades si las hubiera. Pero hoy esa no puede ser nuestra prioridad.
Hoy toca estar con nuestra gente.
Con el comerciante que ve caer sus ventas. Con el hostelero que teme por su negocio. Con el trabajador que mira con incertidumbre el futuro. Con los policías, guardias civiles, militares, sanitarios, voluntarios y empleados públicos que están dando lo mejor de sí mismos.
También toca abandonar los discursos cómodos. Es muy fácil escribir desde la distancia apelando únicamente a grandes principios. Lo difícil es mirar a los ojos a quienes viven esta realidad cada día y ofrecer respuestas que sean compatibles con la solidaridad, la seguridad y la convivencia.
Ceuta siempre ha demostrado que sabe convivir. Nadie puede darnos lecciones de humanidad. Pero precisamente porque sabemos lo que significa convivir, también sabemos que ninguna ciudad puede soportar indefinidamente una presión de estas dimensiones sin recibir una respuesta contundente del Estado.
Hoy no hacen falta más titulares. Hace falta más Ceuta.
Y mientras llegue esa respuesta, quienes tenemos una responsabilidad pública debemos estar donde siempre debemos estar: al lado de nuestra gente. Aunque eso incomode a algunos. Aunque resulte más fácil escribir que ayudar. Porque antes que cualquier cargo, antes que cualquier partido, somos ceutíes. Y esa será siempre mi primera obligación.
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