Opinión

Cuando la camiseta pesa más que el pasaporte

El dilema persiste: en 2025, jóvenes deportistas de Ceuta y Melilla siguen optando por Marruecos en lugar de España. La cuestión, más allá del deporte, revela las fracturas de una sociedad que aún no ha sabido integrar plenamente a todos sus ciudadanos.

Ceuta y Melilla son enclaves singulares: españoles, pero con alrededor de un 50% de población musulmana de origen marroquí. En ellos, la identidad cultural y la nacionalidad se entrecruzan a diario. La Estrategia de Acción Exterior de España 2025-2028 insiste en la cercanía con África, pero la memoria de la crisis migratoria de 2021 y los informes sobre islamofobia que reflejan que siete de cada diez musulmanes sufren discriminación, alimentan la percepción de exclusión. La duda constante sobre la “lealtad” de los musulmanes españoles sigue pesando más que el propio pasaporte.

El deporte se ha convertido en un espejo de esa tensión. En fútbol, los ejemplos abundan: Munir Mohamedi y Moha Ramos, melillenses que celebraron en 2025 el título de liga marroquí con el Renaissance Sportive de Berkane; Anuar Tuhami, nacido en Ceuta, internacional con Marruecos; o figuras mediáticas como Achraf Hakimi o Brahim Díaz, formados en España pero que acabaron defendiendo la camiseta marroquí. Lo mismo ocurre en categorías inferiores, donde jóvenes de Málaga, Zaragoza o Bilbao con raíces marroquíes han sido campeones de África Sub-17.

Pero no es solo fútbol. En atletismo, boxeo, artes marciales o baloncesto, se repite el mismo patrón: jóvenes formados en clubes españoles, pero que terminan compitiendo bajo bandera marroquí. Marruecos ha hecho de la captación de su diáspora una estrategia clara: becas, visibilidad y un relato de pertenencia que en España no siempre encuentran.

Muchos justifican estas elecciones como movimientos estratégicos: Marruecos ofrece oportunidades, España tiene una competencia feroz. Pero el núcleo es más profundo. Marruecos ofrece algo que aquí falta: reconocimiento pleno. Allí no se cuestiona la identidad religiosa ni cultural del deportista, allí no se le exige demostrar a cada paso que “es de aquí”.

Detrás de cada camiseta hay una historia. La de un chaval que escuchó “moro” en el patio de la escuela. La de una joven que, aun con DNI español, nunca dejó de sentir que debía explicar quién era. Frente a eso, Marruecos ofrece algo tan básico como valioso: dignidad y afecto.

La pregunta incómoda no es por qué tantos jóvenes eligen Marruecos. La pregunta es por qué España sigue sin ser capaz de integrar plenamente a todos sus ciudadanos, más allá de apellidos, religiones o colores de piel.

Porque al final no se trata solo de medallas o títulos. Se trata de que un chico de Ceuta, una chica de Melilla, puedan mirar la camiseta roja y sentir que no hay sombra de duda sobre quiénes son. Que defender a España sea un orgullo compartido, no una lucha constante por ser reconocidos. Hasta entonces, la camiseta seguirá pesando más que el pasaporte.

Por Abdelkamil Mohamed Mohamed

Activista vecinal y social en Ceuta

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