Reduan, Tarek, Carlos y Rosario unieron su tiempo, sus ganas y su ilusión para llevar ayuda humanitaria a los inmigrantes que malviven en los bosques fronterizos. Les ayudó el camerunés Irene, residente en Tánger, un hombre de gran carisma y sociabilidad. Son activistas que, de manera particular, han partido esta semana a los montes para facilitar alimento y ropa fruto de sus propias aportaciones pero también de las de otros compañeros, de las monjitas Luisina y compañeras y de Digmun.
Las redadas llevadas a cabo por las fuerzas marroquíes en las últimas semanas, que se han saldado con cientos de detenidos, ha convertido a estos inmigrantes en personas asustadizas que temen salir a la carretera en busca de alimento, lo que no hace sino aumentar su penosa situación. Escapando de Beliones y del Biutz, los grupos se iban acercando, hambrientos, a recoger esta ayuda con la que, sencillamente, poder subsistir. “Para nosotros es una bonita despedida de año con estos chavales, tan ansiosos por una libertad de movilidad plena”, explica Reduan Mohamed Jalid, uno de los activistas.
La situación al otro lado de la valla es cada vez más complicada, ni los maquillados planes de regularización anunciados por Marruecos sirven para garantizar su estancia sin tener que ocultarse o simplemente escapar. En tiendas realizadas con mantas, plásticos y cartones malviven escondidos en el monte. Solo los que disponen de mayor capacidad económica pueden pagar el pase en coche. A los demás, simplemente, les toca esperar. Día tras día.
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