Es triste reconocer que asistimos a una crítica de patio de recreo cada vez que la oposición se une para intentar menospreciar la visita de algún representante del Gobierno de la Nación. Criticar por criticar no conduce a nada, salvo que se pretenda tener el deseado minuto de gloria. No puede haber visita más completa que la girada el jueves por el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz. Estuvo prácticamente todo el día en Ceuta, visitó los lugares que tenía que visitar, se entrevistó con los guardias, conoció sus inquietudes y demandas y, después, habló con los periodistas para anunciar medidas que ya se están viendo. ¿Tiene esto algo de malo? No lo tiene pero como la misión de la oposición parece que está más cercana a generar ruido que a buscar logros, llega a entenderse que ayer tanto PSOE como Caballas se unieran, cada uno por su cuenta, en críticas ya no carentes de fundamento sino explicativas de un bajo nivel cuanto menos preocupante. Siguen empecinados ambos partidos en erigirse en jueces sentenciadores, en encontrar fallos a la gestión de la inmigración, en cuestionar todo lo que se les antoje. Están en su derecho, aunque queden en evidencia. Cada uno tiene su papel y parece que el de la oposición es el de correr, alocados, a buscar cualquier detalle al que sacar punta.
Que sigan así. Pueden hacerlo. Como el Gobierno también puede tener, como lo tiene, sus ideas claras, perfilando una hoja de ruta sin cambios en la que se deja constancia de qué hay que hacer para garantizar la seguridad del país y qué se debe pedir para que Europa se implique como debe en el mantenimiento de sus fronteras. El ministro ha traído compromisos, sabe de lo que habla y ha demostrado un talante necesario en una ciudad que, más que nunca, necesitaba de su visita.





