El Gobierno de Ceuta pone la mano en el fuego en ese compromiso anunciado hasta el hartazgo de construir un crematorio para nuestras mascotas.
En estos días hemos asistido al cruce de cartas, comunicados, declaraciones y hasta una concentración, centrándose todo ello en el mismo fin: poder tener esa infraestructura para que quienes nos han acompañado años y años en el día a día de nuestras vidas no terminen en una bolsa de basura dentro de un contenedor.
No sé cuándo tendremos ese crematorio operativo, pero sí que se ha perdido demasiado tiempo en disponer de un recurso básico por el desinterés de la clase política en mover un dedo a favor de un sentimiento colectivo que cada vez es mayor.
Ese crematorio no se pide ahora, se lleva pidiendo años y años, pero nunca se nos hizo caso.
La diferencia es que las redes sociales ayudan ahora a canalizar las peticiones de muchas personas y antes esa rabia quedaba en la intimidad familiar y se criticaba en círculos más reducidos esa situación tan absurda de no poder dar una despedida digna a quienes han sido uno de los nuestros. No perderé tiempo en responder a aquellos que dicen que nos paguemos nuestros caprichos con nuestro dinero. Debe haber espacio para todos, también para quienes alzan la voz o le dan a la tecla sin fundamento.
El Gobierno ha tenido tiempo y legislaturas para resolver un problema de interés ciudadano, pero no lo hizo. No sé cómo habrán resuelto sus integrantes la despedida a sus propias mascotas, quizá nos sorprenderían. Sí sé cómo hemos tenido que hacerlo los demás, viendo cómo un veterinario que empatiza con nuestro dolor lo mete en una bolsa y lo deja en un contenedor hasta que llega el momento de sacarlo a la Península con restos de todo tipo. Mezclados, al mismo saco.
Me parece bien que se hable ahora del crematorio, que se visibilice la preocupación ciudadana y la querencia por resolver este problema. Lo que no me parece tan bien es que no exista esa debida reflexión política, ese análisis que ha olvidado las legislaturas pasadas en las que este asunto pudo resolverse, centrando inversiones en algo que importa, que impacta y que afecta.
No es cuestión de sentimientos, sí de una sociedad que cambia, que evoluciona y que tiene todo el derecho a reclamar la atención hacia sus mascotas, al igual que otros piden que se dé calor a sus negocios, aunque se les termine apoyando sin analizar sus fracasos, a golpe de talonario.






