Echando un vistazo cinematográfico a 2001 odisea en el espacio, documentándome para un foro sobre lo bien o mal que envejecen algunas películas de las denominadas “de culto”, mi memoria se ha topado por casualidad con el 2001 real y los estrenos que ese año trajeron las salas de cine, por aquel entonces aún opulentas y con cosechas generosas que favorecían la afición a la butaca y la gran pantalla.
Veinticinco años ya de un buen puñado de estrenos que marcaron de una u otra forma (por aquél entonces era un abanico de películas las que competían por proclamarse la mejor del año, eran otros tiempos, ni siquiera tan lejanos…).
2001 fue el año en el que se comenzó a valorar en serio el cine fantástico, fue el año de los estrenos nada menos que de El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo y Harry Potter y la piedra filosofal, ambas la primera entrega de sus respectivas sagas, de las que poco hay que decir que ustedes no sepan de sobra. Fue el principio de rendirse a la evidencia del enorme trabajo que lleva detrás un consumo audiovisual concebido como espectáculo, compatible con otro tipo de enfoque, y que lleva sosteniendo la industria desde tiempo inmemorial. Y también un punto de inflexión en el merchandising que rodea a la industria del cine y también en el fenómeno fan.
En 2001 se estrenó Amélie, comedia romántica francesa con tintes surrealistas dirigida por Jean-Pierre Jeunet que cautivó a nivel mundial y que se convirtió en peaje obligatorio del gafapastismo desde su estreno; Audrey Tautou, su protagonista, saltó al estrellato irremediablemente, siendo incluso comparada en encanto y aura angelical, con su tocaya Audrey Hepburn.
En lo que respecta a premios Oscar, Una mente maravillosa, drama biográfico dirigido por Ron Howard y protagonizado por Russell Crowe, fue la que se llevó el de Mejor película, siendo menor la acogida popular que la de la otra gran candidata, la popularísima Moulin Rouge! De Nikole Kidman y Ewan McGregor. El tiempo es implacable y acabó otorgando mayor trascendencia a la segunda que a la primera…
El cine de animación tuvo este año también un hito con los estrenos de El viaje de Chihiro, obra maestra de la animación japonesa dirigida por Hayao Miyazaki y con Shrek (la primera entrega y original), que reventó taquillas y ganó el primer oscar de la historia a Mejor Película de Animación, categoría que se estrenaba.
También cosecha de 2001 son las estupendas y recomendables Gosford Park (británica intriga de época con reparto de relumbrón), Enemigo a las puertas (apasionante cara a cara bélico entre Jude Law y Joseph Fiennes), las entretenidas Training Day (el papel oscuro que le regaló en Oscar a Mejor Actor Principal a Denzel Washington por salir de su zona confortable) y Ocean's Eleven: Hagan juego (comienzo de una gran amistad con elenco de superestrellas), o Black Hawk derribado (contribución de peso por parte de Ridley Scott al catálogo).
En cuanto al cine en lengua española, aquél fue el año de la maravillosa e imprescindible, me quedo sin calificativos de elogio, El hijo de la novia, en la que Ricardo Darín y compañía, a los mandos de Juan José Campanella, conmovieron al más pintado en una alineación astral única. También hay que añadir la irrupción sin llamar a la puerta del mejicano Alfonso Cuarón con Y tu mamá también, con Gael García Bernal y Maribel Verdú. Aunque precisamente rodada en inglés por aquello de la proyección internacional, pero de producción española, Alejandro Amenábar arrasó con Los Otros, inquietante terror psicológico con fantasmas y Nikole Kidman a la cabeza.
Y hay más, ¿se lo pueden creer? En el tintero quedan cintas como la inclasificable Mulholland Drive de David Lynch, Zoolander, El diario de Bridget Jones, La maldición del escorpión de jade, desternillante cita de ese año de Woody Allen con el respetable, o esa joya del italiano Nanny Moretti que es La habitación del hijo y que pronto tendrá una referencia sólo para ella. Buena cosecha la de 2001, muy buena cosecha.
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