Cuando la mente lunática de Anders Behring Breivik se regocijaba con las cruentas imágenes de humo negro, cristales rotos y de ochenta cadáveres bañados en un charco de sangre, Noruega, ese país tranquilo y seguro, entró en un estado neurótico que mezclaba sorpresa, tristeza e impresión. Tal conmoción desató las reacciones, variopintas, de ciudadanos y políticos cuyas caras de asombroso espanto por la masacre del julio más trágico en la historia del país rodaban de tele en tele y “con ellas”, aseguran los presidentes de las comunidades islámicas de Ceuta, ‘Al Bujari’ y ‘Najla’, Abselam Hamadi y Rachid Mohammed, respectivamente, “muchas informaciones difundidas que con posterioridad resultaron ser falsas, dejando un dolor amargo y difícilmente de cicatrizar”.
Se refieren a las noticias que en los medios noruegos, incluidos los dependientes del estado, y en diversos soportes de comunicación –radios, televisiones y páginas de internet– señalaban desde un primer momento y durante horas a grupos terroristas islámicos como autores materiales de la mayor masacre cometida jamás en el país de los fiordos, sin que tuvieran prueba alguna que otorgara credibilidad a esta afirmación, “y casi lo que es peor aún, sin pedir disculpa a la comunidad musulmana residente en Noruega ni al resto de musulmanes del planeta en el instante en que se demostró que ningún musulmán estaba detrás de una locura de tal dimensión que, como es obvio, desde nuestras comunidades condenamos siempre, tal y como hace y nos enseña nuestra religión ante cualquier manifestación de violencia y terrorismo”, indica Hamadi.
¿Qué pensarían estos hombres y cómo se sentirían los musulmanes de Noruega cuando Behring Breivik alardeaba de su autoría tanto en la colocación del coche bomba en Oslo como en el tiroteo de la isla Utoya, arguyendo que lo hacía para “salvar a Noruega y al norte de Europa de la amenaza marxista y de la colonización musulmana?”
“Viendo esta situación tan injusta y desagradable”, cuenta Rachid, “nosotros nos reunimos para, con todo el amor de nuestros corazones, solidarizarnos con la totalidad del pueblo noruego, sin distinguir razas, creencias o tendencias porque todos somos seres humanos que tenemos corazón y hemos nacido de una madre”.
Por este motivo, ‘Al Bujari’ y ‘Najla’ decidieron enviar una carta al embajador de Noruega en Madrid, “un señor que, con su respuesta, que nos soprendió gratamente, ha demostrado valentía como hombre y como político ofreciéndonos una postura que ha estado a la altura de las circunstancias y que evidencia el sentido democrático, libre y progresista de las estructuras de Noruega, en todos los ámbitos”.
Llegada a la dirección de la comunidad islámica ‘Al Bujari’, en Recinto Sur, hace pocos días, ‘El Faro’ ha tenido acceso al contenido de la carta enviada por el embajador Noruego en España, Torgeir Larsen, donde muestra agradecimiento “profundo” a ambas comunidades islámicas de Ceuta “por las condolencias y muestras de solidaridas tras los trágicos atentados en Oslo y en la isla de Utoya el viernes veintidós de julio, por los que Noruega siente todavía un profundo dolor, en especial por los muchos familiares, amigos y conocidos de las víctimas”.
Asimismo, y para condenar cualquier ataque hacia los musulmanes residentes y adaptados al ritmo de vida e idiosincracia propia del país nórdico, Larsen considera que los atentados “estaban dirigidos contra el gobierno noruego y contra una nueva generación de políticos de nuestro país, un ataque a la democracia, razón por la cual nos reafirmamos en nuestros valores, respondiendio al embate con aún más democracia, más apertura a pueblos y razas y más humanidad”.