Me he convertido en fantasma. No tengo sábana blanca, no salgo por las noches en casas encantadas, no soy el espíritu de nadie, no arrastro cadenas ni un alma en pena.
He pensado crear un sindicato de fantasmas para reivindicar nuestros derechos, para hacernos ver y que nos vean.
Si “la metamorfosis” de Kafka cuenta la historia de un hombre que se convierte en cucaracha, yo os contaré el día que me hice invisible, que me di cuenta de mi nada, de mi soledad, de mis pasos que no dejaban huella.
No hay lugar para estos entes. Incluso, en ocasiones, los otros fantasmas no te reconocen porque los fantasmas creen que no son de este mundo y se limitan a esperar la salida.
Ahora me he dado cuenta, no veo a nadie en el espejo, no escucho mi voz, no oigo mis latidos; leo lo que escribo pero no hay comas, ni puntos, ni palabras, ni signos de interrogación.
Ahora sé que los que fueron mis amigos, mis compañeros, mis alumnos, las personas que quise están en otra dimensión que no pertenezco, han dejado de pronunciar mi nombre extraviado en su memoria.
Noto el calor de mi perra ABBY, ellos tienen un sexto sentido.
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