Es tremendo que una madre se vea obligada a abandonar a una hija, no sólo una vez, sino dos y hasta tres veces incluso. Tal vez las condiciones de vida así se lo reclaman, y no tenga otro modo de mantenerlas, pero la cuestión, al margen de que una persona se vea obligado a ello,radica en los controles policiales en la frontera, cuando el policía debería preguntarse por la presencia de ese menor que al igual que ha pasado a territorio español, después no regresa al lado marroquí. Mucho control de pasaporte para que el policía de turno y de práctica aprenda a manejar el sistema, pero después no existe una preocupación real porque un menor pueda ser abandonado en nuestra ciudad, que no a su suerte, en este caso concreto, gracias a que la pequeña fue llevada al centro. Pero ¿y si no es así y la sueltan a mendigar por las calles ceutíes?





