Desde hace más de 50 días, los ciudadanos de Ceuta no tenían motivos por los que sonreír: un territorio abandonado, abonados a la inseguridad y el hartazgo como sentimiento compartido entre caballas.
Todo este panorama lúgubre se extiende en las casas, locales y, por ende, en el equipo de la ciudad, la Agrupación Deportiva Ceuta, el que fuese la principal fuente de alegría el año pasado. Este curso no era así: cinco derrotas consecutivas y la sensación de impotencia en su máxima expresión entre jugadores, cuerpo técnico y presidente.
Carlos Hernández, omnipresente

Todo ello, hasta el pasado domingo 20 de septiembre. Minuto 100, un futbolista expulsado y un gol en contra. El equipo, al borde de otra derrota, pero apretando como quien ve su última oportunidad de sentir.
En ese momento, llegó Carlos Hernández, un defensa central que hace pocos días cumplió 36 años, pero que brinca y choca como un chaval. Aprovechó un centro que fue levemente tocado por el flequillo de Jordi Escobar, punzante desde que entró en el terreno de juego.
Llegó el cuero a sus pies, solo ante Álvaro Aceves. El final ya lo sabemos: balón contra las mallas y el ‘Murube’ convertido en un manicomio: saltos, lloros y abrazos.
En ese mismo instante, la Agrupación Deportiva Ceuta y toda una ciudad volvieron a sonreír. Otros expresaron sus emociones llorando, como lo hizo José Juan Romero, un técnico que se siente caballa y que deslumbra por su humanidad, bendito valor.
Exhibición de Okoro

Si bien la alegría final llegó en el minuto 100, los aficionados blanquinegros aplaudieron durante buena parte del partido a un futbolista y no precisamente del primer equipo. Gabriel Okoro, centrocampista nigeriano de 19 años, se ganó a todo un Estadio Alfonso Murube.
Arrancada, coraje y piernas. Sería muy grosero resumir el partido de Okoro en esas tres palabras. Podría mencionarte los incontables robos que realizó, la tranquilidad que transmitió y la personalidad que desprendió sobre el terreno de juego. Eso hizo el futbolista del filial. Mimar la pelota cuando quemaba y embravecer el juego cuando tocaba.
La dirección deportiva de la AD Ceuta, erudita en más de un aspecto futbolístico, ya anunció la extensión de contrato del nigeriano hasta el próximo año 2029. La apuesta es clara: ver crecer a Okoro y disfrutar más de su estilo en el Estadio Alfonso Murube.
Vuelve el ‘Murube’

Banderas blanquinegras, exhibiciones desde la grada de animación y las sonrisas de los más pequeños. Volvió a verse el verdadero Estadio Alfonso Murube. Ese recinto deportivo donde el equipo aumenta sus magnitudes pasa de ser el David, al temible y oscuro Goliat.
Volvieron las carreras de Matos, las manos a la cabeza cuando volaba Guille Vallejo y los olés cuando aparecía Kuki Zalazar como principal protagonista. También se sumaron otros nuevos personajes, como Camacho, un avión caza por la banda, o Mawuli Mensha, pausa y físico en la medular.
Todo ello, parece haber vuelto, sin embargo, José Juan Romero no quiere que lo ocurrido sea un aroma fugaz, sino un hito sobre el que construir y que así el cambio de dinámica se haga evidente.
Quizá un punto no cambie una temporada, o quizá sí. El fútbol se alimenta de pequeños instantes y el Ceuta quiere hacerlo sobre este empate. Carlos goleo, Okoro deslumbró y Romero rompió.
Tras este esperado y merecido empate, toca comprobar si aquella alegría fue un espejismo o el primer gesto de una nueva etapa. Ceuta ya tiene lo que llevaba más de 50 días buscando: un motivo para complacerse. En la próxima jornada buscarán lo mismo: volver a sonreír.






