El robo se produjo en el centro de Educación Especial FEAPS
Dos años y seis meses de prisión es la pena a la que ha condenado la magistrada del Juzgado de lo Penal número 2 a N.A., acusado de un delito de robo con fuerza, por el que también deberá pagar una indemnización de 2.966 euros al antiguo centro de Educación Especial FEAPS, ahora Plena Inclusión, por los efectos sustraídos y no recuperados.
Los hechos por los que ha sido condenado tuvieron lugar entre las 22.20 horas del 23 de noviembre de 2011 y las 8.15 del 24 en el citado centro, cuando N.A. se sirvió de una sábana para alcanzar la segunda planta del edificio, extrayendo cinco ordenadores, una pantalla plana, dos impresoras láser y otra de inyección, así como una cámara de fotos y otra de vídeo, efectos pericialmente tasados en 2.966 euros.
Según la sentencia a la que ha tenido acceso El Faro, resultan acreditadas las testificales de dos trabajadores a los que dieron aviso de la alarma durante la madrugada. Ambos señalaron que vieron las sábanas colgadas en la ventana, así como numerosos objetos tirados en el patio del centro y varios desperfectos en el interior.
Pero el elemento que para la juez ha sido “indiciario fundamental, extremadamente relevante” para dictar la sentencia ha sido el hallazgo, en el lugar de los hechos, de una muestra biológica (una sustancia rojiza, al parecer sangre), sobre la cual se efectuó un análisis por parte de la Policía Científica que dio como resultado que la sustancia corresponde al perfil genético del acusado.
Por otra parte, al realizar la inspección ocular en el centro por parte de los agentes del Cuerpo Nacional de Policía, en el acta se hace constar el revuelo existente en varias de las dependencias, determinándose la ausencia de ordenadores, monitores, impresoras y otros efectos, en los que encontraron fragmentos dactilares que, junto a la muestra genética se han convertido en elementos de “contundencia” para una sentencia condenatoria, según reza el documento.
El acusado negó su autoría en los hechos, aunque “no ofreció razón de dónde se encontraba esa noche” y dado que aseguró que nunca había entrado en el centro, “su participación en los hechos viene a ser la única explicación coherente y racionalmente posible para poder ubicar su muestra biológica en el lugar concreto donde se cometió el robo”, se indica en la sentencia.
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