Así lo asegura el periodista y observador de la Organización de las Naciones Unidas David Sendra (Pego, Alicante; 1977), que imparte esta semana un curso en Ceuta sobre violencia organizado por el Centro Asesor de la Mujer. Especializado en conflictos internacionales, el informador no sabe dónde vive. Es la única pregunta que deja sin respuesta. Cuenta que acaba de llegar de América, donde ha elaborado un reportaje fotográfico con imágenes de Estados Unidos, Colombia, Brasil y Argentina, y que ya prepara el próximo viaje. Su vida es eso: visita el mundo y luego cuenta lo que ve en sus colaboraciones con medios de comunicación de los cinco continentes, sus coloquios en congresos internacionales y sus asesoramientos a organizaciones no gubernamentales.
–No había acabado la carrera de Periodismo y ya estaba viajando.
–No me lo pensé. Decidí marcharme en primero. Era vocación total. Tuve la oportunidad de viajar a la zona de los Balcanes para hacer un tema sobre las minas. Estuve un tiempo trabajando en la zona de Bosnia y Herzegovina, en Sarajevo y Mostar. Me fui a colaborar con un programa que tenía el ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados). Fui para verlo y poder luego asesorar a organizaciones no gubernamentales. Allí cometí unas locuras... Se me ocurrió meterme en uno de los campos de minas más peligrosos. Y yo, inconsciente, decía: “Creo que por aquí no hay minas”. A partir de ahí, tras muchos sacrificios, empezó todo. Fui invitado a congresos internacionales y me fui especializando en temas de minas y refugiados.
–A su vuelta, sus compañeros de la Universidad Autónoma tendrían que estar sorprendidos.
–La desgracia es que nunca he sido de explicar las cosas a la vuelta.
–¿No siente la necesidad como comunicador de contar a la gente lo que ha visto?
–¿Sabes qué pasa? Vuelves de Irak tras tres o cuatro meses, te preguntan cómo estás el país, le cuentas la situación y te dicen: “No, no es así”. “¿Cómo? Si acabo de estar allí”. Y siguen: “No, no es así. El presidente de tal partido dice que la situación es diferente. También la televisión”. Te quedas... Por eso mi lucha dentro del periodismo es despertar la capacidad crítica de la gente. Quiero que no se crean todo lo que ven y leen.
–¿Y qué habría contado de las minas en los Balcanes? ¿Llegó a alguna conclusión?
–Hay una asunto curioso. Hay países que son productores de minas y al mismo tiempo fabrican prótesis. Fíjese qué ironía. Son países que saben perfectamente que están matando y mutilando personas y al mismo tiempo intentan sacar provecho con una industria paralela de prótesis.
–¿Y España?
–España siempre ha sido fabricante de las famosas minas de plástico. Son indetectables y han causado miles de muertos y mutilados en todo el mundo. Luego, hace bien poco, España firmó varios convenios para la eliminación de las minas. Lo único que pasa es que las minas que vendió siguen por ahí. Lo comenté ayer en la primera clase del curso. Uno no puede llenarse la boca con la paz y los derechos humanos y permitir que estos derechos se violen a 200 kilómetros de aquí.
–Explíquese.
–Por ejemplo, Afganistán. Hoy en día se violan mujeres y niñas en plena luz del día delante de los militares del contingente de la paz. El 95% del país está en manos de los señores de la guerra. ¿Y qué ha cambiado? La única diferencia es que ahora gobiernan talibanes aliados y no talibanes enemigos (...). Otro dato. Según un informe de la ONU, con lo que cada año se gasta el mundo en armamento militar se podrían cubrir absolutamente todas las necesidades básicas de toda la población. Y cuando hablo de necesidades básicas, me refiero a casa, sanidad, alimentación y educación de todo el mundo. Imagínese: ¡el mundo!
–Resulta sorprendente.
–Sí,todo el mundo se sorprende. ¿Sabe cuál es el problema? Que una gran parte de la sociedad se mueve sólo por los beneficios. ¿Ayudar a la gente da beneficios? No. ¿Y vender armas? Sí.
–Cuando se reivindica un mundo mejor, muchos dicen que es una utopía.
–La utopía es creer en algo que es imposible. Creer que el mundo puede ser mejor no es una utopía. El problema es que cuando explicas esto y dices que tal gobierno está haciendo algo mal, siempre sale el sector de la población que lo defiende. Es el estilo ‘hooligan’ del fútbol. Aunque juegue mal, defiendo al gobierno.
–Usted también ha visitado Afganistán. ¿Qué opinión le merece la invasión?
–Se atacó el país con un teórico objetivo que era obviamente falso. El objetivo real eran los gaseoductos y el petróleo, ni siquiera Bin Laden. Eso era la excusa, como luego lo fueron las mujeres con burka.
–¿Lo mismo en Irak?
–Es que es eso. Si se fija, el paso de gasoductos y oleoductos por Asia Central coincide precisamente con Afganistán, Irak e Irán. Sinceramente, si mañana empiezan una guerra con Irán, no me sorprendería. Está dentro de los planes bélicos de esta gente. De hecho, Estados Unidos, antes de que empezara a gobernar George Bush, ya presentó planes de ataque militar a Afganistán.
–¿Antes del atentado del 11 de septiembre?
–Claro. Lo curioso es que el plan, que se iba a acometer en cincuenta años, se pudo desarrollar en dos años tras el atentado. Eso te hace pensar. Muchas veces uno puede intuir algo, pero en el fondo prefiere no creer. Por ejemplo, los atentados de Moscú y San Petersburgo. Al final, sirvieron como excusa para atacar Chechenia. Hay informes de ex miembros del servicio de inteligencia ruso que dijeron que los responsables de los atentandos fueron los propios miembros del ejército.
–¿Y qué le parece la llegada de Obama? ¿Es una esperanza para el mundo?
–Por muy buenas intenciones que tenga, en Estados Unidos hay muchos sectores con más poder que el presidente. Hay empresas que se dedican a construir frigoríficos, tiene cuatro canales de televisión, quince periódicos y luego una unidad que fabrica armamento. Luego, cuando llega la posibilidad de atacar Irak, esta empresa presiona para que haya guerra y pueda vender. Un buen ejercicio es fijarse en los medios de comunicación de Estados Unidos. Fíjese en sus propietarios. Vas bajando ramificaciones y al final encuentras una empresa de armamento.
–También ha visitado usted la República Democrática del Congo.
–La última vez fue hace un año. Estuve en la frontera con Burundi. La situación es más o menos la misma de siempre. Inestabilidad, periodos cíclicos de violencia, ataques entre hutus y tutsis... Siguen las violaciones y asesinatos en masa. Y se da el agravante de que hay violencia sexual perpetrada por los famosos cascos azules. Se ha denunciado a las Naciones Unidas, pero muy pocos han sido expedientados o puestos en prisión.
–¿Tiene Europa alguna responsabilidad en la situación de África tras los años de colonias?
–Se lo explicaré con un ejemplo. Le hablaré de Ruanda, Congo, Burundi... Los tutsis son más altos. Los hutus, más bajitos. Unos son agricultores; los otros, ganaderos. La mayoría del país es hutu, pero a los belgas se les ocurrió poner a los tutsis, minoría, en los puestos claves. Ahí se dio el chispazo. ¿Qué responsabilidad tiene Europa? Mucha. Suministra armamento en países que están en conflicto. Permite, además, que empresas europeas estén beneficiando a grupos rebeldes en Sierra Leona, Liberia, República Democrática del Congo... Protegen y arman a estos rebeldes a cambio de que les sirvan de seguridad para explotar el oro y los diamantes.
Hemos leído con atención la carta publicada por la consejera de Sanidad y Servicios Sociales…
El cáncer de piel sigue siendo uno de los tumores más frecuentes y, al mismo…
El juicio por la muerte violenta de un bebé en una vivienda ubicada en Alférez…
Las altas temperaturas ya se han instalado en Ceuta y muchos buscan fórmulas para hacer…
En el CEIP Maestro Juan Morejón, de Ceuta, están de celebración por la graduación de…
El Club Deportivo Camoens sigue preparando su próximo curso para la Segunda División de fútbol…