Opinión

Compañero

En su origen “compañero” -que quiere decir “el comparte con otros su pan”- y “acompañar” es compartir los bienes como expresión de la comunión de vida; es un gesto de colaboración y de generosidad; es una prueba de desprendimiento como testimonio de confianza; es un comportamiento humano cuyos motores son el amor y la aspiración a la solidaridad: las dos energías benefactoras que disuelven el egoísmo, que, como sabemos, es el enemigo de todos los valores humanos.

La palabra "compañero" deriva de “compaña” (forma antigua de “compañía”), que está formada por la preposición ‘con’ y el nombre ‘pan’. Una “compañía”, por lo tanto, es un conjunto de personas que comparten el mismo pan, es decir, que hacen vida común, que conviven, que dialogan, que se comunican y que colaboran porque participan y comparten un mismo proyecto.

En Roma, los compañeros de armas (commilitones) eran “compañeros” fijos y “comensales” también en la vida civil. El hecho de que se haya tomado el pan, el alimento básico, como el principal referente de la alimentación. Muchos autores defienden que el término “compañero” -que hacía referencia tanto a la compañía como al pan- se fraguaría en el ejército. Fíjense cómo también se llama “compañía” una determinada agrupación del ejército desde hace muchos siglos. San Ignacio de Loyola, capitán del ejército español, al fundar su orden religiosa, pensó en la estructura militar; por eso le dio el nombre de Compañía de Jesús.

“Compartir el pan” es dar lo mejor de uno mismo, no sólo el alimento material, sino, sobre todo, el alimento espiritual que sustenta y propicia el crecimiento del interior. Luego, el término se ha impuesto en el mundo de la empresa. Los anglosajones prefieren llamar “compañías” a las empresas.

También en el ámbito de la política, de los sindicatos se ha usado profusamente el término “compañero” junto de “camarada”. En la escuela, aunque se emplea el término “compañero” para designar a los que asisten a una misma clase, en los jóvenes prefieren las denominaciones de “quillo” y “quilla”, tío y tía, chaval y chavala o, incluso, “chavea”. Cada vez es más frecuente el uso de la palabra "compañero" o "compañera" para designar al “esposo” o a la “esposa”, al “novio” o a la “novia”, a los miembros de las “parejas de hecho” e, incluso a los "amantes".

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