
Unos 25 integrantes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, en su gran mayoría de la Policía Nacional, estaban convocados ayer en el Muelle de Poniente para ponerse al volante de un vehículo.
Por unas horas se colocaron a las órdenes, en sentido figurado, de Lois Sabater, un joven de 22 años que a los 15 –antes incluso de que cualquiera pueda lucir en la cartera el carnet expedido por Tráfico– tenía ya licencia para ejercer como instructor de agentes de la Policía Local de Valencia. Junto a otro socio fundaría luego la Escuela de Conducción FCSE, a la que acudió el sindicato policial UFP para que impartiera por primera vez en Ceuta un curso de conducción a sus afiliados, aunque la invitación a participar, asegura su representante, Miguel Guerra, se cursó también al resto de Cuerpos de la ciudad. Como a los casi 800 compañeros a los que ha dado instrucciones ya en los últimos años a lo largo de toda España, Sabater repartía ayer consejos dispares contra lo que, reconocía, son “vicios que todos arrastramos”. Desde esa costumbre tan habitual de conducir con una sola mano y dejar descansar el otro brazo sobre la ventanilla hasta el uso excesivo del embrague o los giros indebidos o a destiempo del volante. Y eso que el vehículo con el que iban a realizarse los ejercicios posteriores ni siquiera se había movido aún un centímetro. “Nuestro objetivo es descubrir a los agentes que el coche es una herramienta de trabajo más, igual que la pistola, y que de la seguridad y la destreza con las que lo manejen depende su integridad, sobre todo en momentos complicados, de emergencia, o de persecuciones. Todo eso está vinculado a su labor”, destacaba ayer el instructor. Con sólo unas horas por delante, el primer curso de esas características que se imparte en la ciudad era de nivel básico. Si se cumplen las expectativas puestas en la prueba experimental, el sindicato promoverá otros de dificultad media y avanzada. Sobre todo, insistía Sabater, porque es “necesario machacar las destrezas hasta mecanizarlas”. Sólo así “conseguimos eliminar los vicios que arrastramos desde que dejamos la autoescuela” y de los que los participantes asumían ser víctimas. “Preferimos partir de cero y dedicar más tiempo desde el principio. Hay otras escuelas que van más rápido y meten en una sesión 8 o 9 ejercicios, pero al final acabas dedicándole a cada uno un par de minutos, y eso sirve de poco”, subraya Lois, que compagina su trabajo en la Escuela de Conducción con sus funciones como juez y controlador de rallys nacionales e internacionales, el último de ellos hace tan sólo unos días en Alicante. Un breve circuito alrededor de conos serviría como aperitivo. Más tarde esperaban las instrucciones para que los agentes se enfrentaran a tres maniobras típicas de los cursos de conducción evasiva: la vuelta contrabandista, la vuelta California y el giro de interceptación. El objetivo, insistía una y otra vez el instructor, es que las nociones adquiridas las extrapolen los agentes al día a día de su profesión. “Esto no es un curso para pasarlo bien ni para el simple postureo. Lo que se aprenda aquí tiene que llevarse a la práctica para que en una situación límite el conductor pueda salir de ella de forma airosa”, remarcaba el profesor. “Escuchas lo que dice y te das cuenta de que casi todo lo haces mal”, confesaba ayer uno de los alumnos.






