Categorías: Opinión

Comercios, la crisis viene de lejos

En plenas vísperas navideñas, dos amigos comerciantes se me lamentan con lo mismo. Hay días que en caja no entra un duro, me dice uno. Como las próximas fiestas no nos den un alivio, me temo que tendré que cerrar, apunta el otro. ¿Tanto notáis la crisis?, les pregunto. Crisis es la que en esta ciudad atraviesa el sector desde hace muchos años, responden casi al unísono. Creo que son sinceros. Cuántas veces paso por la puerta y los veo, mano sobre mano, tras el mostrador. No son los únicos.
Diciembre debería de ser un buen mes para el comercio. Al menos así era antes. Ahora, en todo caso, lo seguirá siendo para las grandes y medianas superficies. Para bien de unos y para mal de otros, tarde, pero llegaron. Claro que, a diferencia de la otra orilla, la competencia entre ellas es mínima. Competencia y algo más: variedad y existencias. Esto último es especialmente palpable en determinados días. El cliente marroquí cada vez compra más, para sí o para suministro de sus tiendas o bakalitos.
El consumidor ceutí vería con buenos ojos nuevas implantaciones. El punto de mira se pone especialmente en Mercadona. Hace tiempo que la cadena valenciana viene anunciando su interés por establecerse en Ceuta. Meras palabras. Su modelo de comercio urbano y de proximidad sería muy bien acogido por los consumidores de la zona centro especialmente, donde los supermercados medianos existentes son pequeños y escasos. Hay gente que acude de ex profeso a Algeciras, una vez al mes, para hacer sus compras, especialmente de los productos estrella de esta potente cadena familiar, la segunda de España después de ‘El Corte Inglés’. Y hasta se creó un facebook en Internet al respecto, reclamando su llegada a Ceuta con escaso o nulo éxito de participación, por cierto.
Una vez más en este megapuente de la Constitución y la Inmaculada se hace notar el éxodo masivo de ceutíes a la Península. Sería curioso poder saber el dinero que se gastará fuera en detrimento del alicaído comercio local. Baste ver como regresan cargados la mayoría de los automóviles en estos casos.
Y no digamos en estas fechas. Las compras de Navidad y Reyes dejarán miles de euros en la otra orilla. Es un hecho ya habitual, una corriente imparable. Cuestión de variedad y de precios. Nuevos tiempos y mejores comunicaciones abren vías de escape para algo que parece ya irreversible.
Sucede también que nuestro competitivo comercio de antaño ha dejado de serlo. Diríase que se ha quedado atrás, que no reacciona, abrumado por las circunstancias y, quizá también, por falta de imaginación y desánimo.
No es cuestión de citar nombres, pero quienes peinamos canas recordamos emprendedores y valientes empresarios y prestigiosos establecimientos de todo tipo. Hay excepciones, por supuesto que sí, pero son las menos desgraciadamente.
La modernización del tejido comercial ceutí está viniendo principalmente de la mano de franquicias y cadenas foráneas de fuerte implantación nacional y demanda. Para todas parece haber negocio. Ninguna ha cerrado. Ni siquiera el rumor de tal posibilidad. Un soplo de aire fresco que, por otra parte, coadyuva a cerrar iniciativas y a agravar la crisis a otros establecimientos.
Ceuta hace ftiempo que dejó de ser la gran plaza comercial que fue y esto es preocupante pues este sector, el puerto, las ventas a Marruecos y las actividades derivadas de la nutrida presencia militar en la plaza, históricamente se erigieron en sus principales puntales económicos. Ya no es así. Los tiempos han cambiado y de qué manera.
Quién se acuerda ya de los grandes traspasos. Quién iba a decirnos que, a pie de acera, en las principales vías de la ciudad, pudiésemos ver peluquerías, autoescuelas, oficinas, tiendas de ‘veinte duros’ o negocios por el estilo. ¿Qué fue de tantos establecimientos hindúes y de la importante presencia comercial de este emprendedor y querido colectivo ya tan reducido y, en su gran mayoría, dedicado a otras actividades que nada tienen que ver con los prósperos negocios de sus padres o abuelos?
Desaparecieron los hindúes de sus tiendas y ahora nos han llegado los chinos. Tarde, pero también están aquí. Ya son una nueva comunidad. Su presencia en la ciudad y sus establecimientos ya no es un hecho aislado. Abiertos día y noche. Tal y como recuerdo a los Curado sentados en su desaparecida funeraria de la calle Real. ¡Qué tiempos!

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