LA situación que se vive últimamente en la frontera no es un asunto que sólo esté afectando al denominado ‘comercio atípico’ o a las miles de personas cuya economía familiar depende de que pasar con un bulto al otro lado de la frontera.
Las escenas que se repiten días tras días están derivando en interminables colas de vehículos que acaban colapsando la carretera N-352. Los mayores perjudicados son los ceutíes que residen en barriadas que, como Loma Colmenar, se encuentran en las inmediaciones y cuya red viaria se ve colapsada. Ayer las colas de vehículos llegaron hasta la playa del Chorrillo y San José-Hadú. Estos atascos hicieron muy difícil e incluso impidieron que residentes de las zonas aledañas llevaran a cabo con normalidad acciones tan habituales como acudir al Hospital, llevar a los niños al colegio en coche, conducir hasta el centro de la ciudad para realizar gestiones o utilizar el transporte público para hacer compras en algún establecimiento que no esté en la propia barriada. La situación que se vive en la frontera no sólo afecta a los empresarios de los polígonos, cuya actividad es importante para la economía local, sino que también ha empezado a perjudicar de modo serio a los vecinos que residen en las zonas colindantes y al conjunto de los ceutíes. De hecho, el paso hacia Marruecos o la entrada a Ceuta en determinados momentos del día es una misión difícil o imposible. No hay que olvidar que el Tarajal es una frontera exterior de la Unión Europea, lo que obliga a unas medidas de seguridad, a un control de personas y vehículos, a un orden y a una fluidez que últimamente en nuestra ciudad se echan en falta, sobre todo en horas concretas. Es una situación que afecta cada vez más a la normalidad con la que debe transcurrir el día a día de los ceutíes.





