• Los 15 trabajadores de ‘Marsegur’ en la Clínica Militar decidieron plantarse el pasado viernes ante las pésimas y denigrantes condiciones que están atravesando a causa de los impagos

Trabajar para ‘Marsegur’, ahora ‘Novo Segur’, se ha convertido en la peor pesadilla para unas 2.000 personas en toda España y, concretamente, 15 en Ceuta. Empleados de la Clínica Militar, muchos de ellos con una antigüedad que roza los 20 años, han pasado de percibir un sueldo de 1.800 euros a asumir “toda su vergüenza” y plantarse ante las colas de la beneficencia. Son las penurias derivadas de trabajar para una “empresa pirata” que debe, en muchos casos, casi seis nóminas a cada uno de sus trabajadores.

Pilar Rodríguez y Hamido Abselam encabezan la lista de los 15 afectados en la ciudad. Su hartazgo y desesperación los trae hasta la redacción de El Faro para poner cara y voz a un problema que no cesa. “Genera mucho bochorno salir delante de una cámara ante toda Ceuta para decir que te estas muriendo de hambre, que no tienes ni para ti, ni para tu familia, pero no podemos más, estamos desesperados”, confiesa Abselam. El sofoco es vencido por la crispación, los nervios, el hastío y la impotencia. “Hemos pasado a ser esclavos, porque trabajar sin cobrar es ser un siervo de la empresa y del Ministerio de Defensa”, expresa este trabajador. “Te sientes impotente, muy impotente. Estamos pasando hambre y penurias gracias a él (Miguel Ángel Ramírez, presidente de la empresa) que se está lucrando a costa de nuestro sudor y está dejando tiradas a muchas familias”.

La empresa es bien conocida en el sector de la seguridad privada por ganar concursos en la Administración Pública a base de hundir los precios. Esto lo puede hacer gracias a que aplica un convenio de empresa que tiene unas tablas salariales que rebajan los sueldos del convenio sectorial en torno al 30%. Un grave problema que ha llevado a sus empleados a la desesperación y a tomar la última decisión. La plantilla de ‘Marsegur’ ha dicho “hasta aquí” ante los bajos salarios, los impagos y los retrasos constantes y han solicitado la baja médica, dejando la Clínica Militar, nuevamente, sin seguridad. “Llevamos desde el viernes pasado, pero es que no podíamos seguir trabajando en esas circunstancias, hasta se estaba creando mal ambiente entre los compañeros, cuando nunca hemos tenido un problema. La mayoría está con bajas por depresión y ansiedad más que justificadas”, explica Rodríguez. “Es muy difícil ir a trabajar y saber que cuando cumples tu horario de trabajo regresas a casa y no tienes nada para comer”, señala. “Como esto siga así me estoy viendo entre palés y una lona con mis hijas en la Plaza de los Reyes, porque si me echan de mi casa por no pagarla en algún sitio me tendré que meter”. El futuro se presenta bastante negro tanto para ella como para el resto de trabajadores, algunos, asegura, que ya han perdido sus viviendas. “Hay trabajares que han tenido que dejar sus casas por no poder hacer frente a los pagos, estamos sobreviviendo gracias a las ayudas de las familias, pero ¿por cuánto tiempo?”,expresa.

El nuevo lugar de encuentro para la inmensa mayoría ha sido en las colas del Banco de Alimentos, Cáritas o Luna Blanca, pero esto tampoco es una gran solución. “Ir a una entidad a pedir ayuda es muy triste porque, además, no te pueden ayudar ya que te encuentras trabajando, así que lo que estamos recibiendo es un gran trato de favor puntualmente, ya que supuestamente, estamos trabajando y cotizando”, manifiesta Abselam.

La empresa cambió hace dos semanas de razón social, desapareció con todos los cobros pendientes y ellos solo han obtenido un gran silencio. “La empresa ha cambiado de nombre, se supone que tenía que haber cambiado de uniforme y haberlo notificado a todos, pero nosotros seguimos con el mismo y sin noticias”, declara Rodríguez. Aquel cambio generó ciertas esperanzas entre los trabajadores, el Ministerio de Defensa se comprometió a rescindir el contrato y ellos esperaban que se adjudicara a la empresa que quedó en segundo lugar en el concurso. Sin embargo, toda esperanza se ha esfumado. “Defensa ha prorrogado el contrato por tres meses más”, dicen con resignación. “¿Y ahora qué?”, es la gran pregunta. Pero no saben qué responder, es ese silencio que mata y genera tanta ansiedad la mejor forma para definir el estado de estas personas. “Hemos intentando indefinidamente contactar con la empresa, se han manifestado las intenciones de negociar, pero cuando la otra parte no quiere y te cierra la puerta, poco se puede hacer”, atestigua Abselam.

De momento la única vía es manifestarse y seguir haciendo ruido. “La huelga es lo único que queda”, dice Rodríguez. “Convocar una huelga indefinida es la única solución porque esta empresa ya hemos visto que no va a ceder. Continuará con sus triquiñuelas para seguir facturando y cumplir el contrato que tenga”, asegura el trabajador.

De momento estos 15 afectados volverán a salir a la calle, junto a sus compañeros del resto de España, a partir del día 23. Cuatro días de huelga que, probablemente, constituyan el preámbulo a una indefinida.