La simbiosis entre Ceuta, Castillejos y el Norte de Marruecos ha servido durante muchas décadas para el desarrollo de estas localidades. Una especial relación que permitía a muchas familias, a ambos lados de la frontera, vivir con mayores o menores estrecheces, pero les permitía alimentar a sus familias.
Aquí las estamos pasando canutas y las causas son de sobra conocidas. Se eliminó el porteo y empezó una campaña de paso cero de cualquier producto desde Ceuta a Marruecos y, por supuesto, las largas horas de espera en la frontera aburrieron a gran parte de los ceutíes que venían. La epidemia del Covid y las relaciones fronterizas finiquitaron una relación comercial de subsistencia que había permitido llegar a final de mes a miles de familias.
Los ciudadanos del Norte de Marruecos y más concretamente Castillejos viven una crisis similar a la que se vivió en nuestra ciudad cuando comenzaron a cerrarse los bazares y los soldados dejaron de visitar nuestras cafeterías, barberías y lavanderías por poner un ejemplo de los muchos comercios que padecieron la crisis en primera persona, sin olvidar las tiendas de textil. Los bazares que tanto dinero hicieron ganar a sus dueños se han transformado en otros negocios con mucha menor actividad comercial.
En Ceuta, esos comercios cambiaron de actividad generando algo de movimiento y empleo. Sin embargo, en Castillejos los comercios han ido cerrando y no se han transformado en nuevos, dejando a muchos ciudadanos en la más absoluta miseria. Eso es lo que ha ocurrido en Castillejos y la veracidad de lo que se dice se puede comprobar dando una vuelta por la ciudad. Han cerrado cafeterías, pastelerías, panaderías, talleres, peluquerías, comercios textiles y un sinfín más por falta de actividad comercial.
La crisis actual comenzó con el cierre de la frontera por la epidemia y la puntilla final con las miles de trabajadoras de hogar y transfronterizos que no pueden pasar por la falta de visados al no tener contratos de trabajo. Esas mujeres y hombres generaban riqueza en la ciudad y permitían una cierta alegría en la economía de Castillejos. ¿Y todavía se pregunta la gente por qué intentan los jóvenes y no tan jóvenes pasar a nado?
Esto que vengo narrando es un resumen de lo que me comentó Mohamed, un amigo marroquí que reside en Castillejos.
Esta semana he visto en este medio una encuesta: “¿Le parece bien fomentar el turismo marroquí́?”, se preguntaba. Y todos los ceutíes estaban a favor y hablaban de lo bueno que es para la economía ceutí, alguna comentaba que Ceuta se veía muy triste. Si nos acercamos a cualquier zapatería, a cualquier comercio de la ciudad y preguntamos a los dueños nos responderán que las restricciones de paso se están notando de forma muy negativa en las ventas y que se echa de menos a nuestros vecinos; se echa de menos porque el turismo y la economía de subsistencia también generaban riqueza en Ceuta.
Esto que vengo contando es el sentir de ciudadanos de Ceuta y Castillejos, es el sentir general de la amplia mayoría de los ciudadanos. Un sentir que no comparten los que tienen la capacidad cambiar las cosas.
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