Ayer el cañonazo contaba el problema de la disciplina en las aulas, de fomentar la autoestima del alumnado, el respeto, la tolerancia y los valores democráticos.
Precisamente fue ayer, mientras terminaba esta columna, los compañeros comentaron que a una profesora, mientras explicaba y atendía a sus alumnos, uno de ellos se levantó y le puso dos chinchetas en su silla; esta vez tuvo suerte porque se dio cuenta; la primera vez fue víctima de la agresión.
¿Qué hacemos? ¿ Cómo fomentamos la autoestima del alumn@? ¿Con qué recursos contamos para disuadir y convencer de que esa acción humilla a la profesora, intenta buscar el espectáculo de risas cómplices, llama a la participación de los compañeros que guardan silencio porque tienen miedo y son conscientes de la represalia.
¿Qué debemos hacer como docentes y trabajadores de la enseñanza?¿Salir a la calle? ¿Convocar un claustro? ¿Recoger firmas? ¿Solidarizarnos con la profesora pero sin proponer ninguna medida? ¿Qué posibilidades tenemos?
Nos vamos comunicando en petit comité lo sucedido, nos podemos manifestar 10 minutos en las puertas del instituto en silencio, vamos enterándonos por radio macuto con la técnica del boca a boca, ¿Denunciarlo a nuestros sindicatos o no hacer nada porque nada se puede hacer?
Correr un tupido velo, dejar pasar el tiempo, olvidarlo y seguir recibiendo noticias de profesores agredidos.
De momento solo tres compañeros propusieron que, de alguna manera nos movilizáramos. Lo cierto es que ya han pasado 48 horas y el silencio va ganando una batalla que no será declarada. El profesorado tiene muchas asignaturas pendientes, muchos frentes abiertos que terminaran por convertir la docencia en un campo minado por la impotencia, la resignación. Se va gastando la ilusión de hacer proyectos y de implicarse de lleno en este trabajo en que la vocación es una columna vertebral.
Este año, por orden de la Dirección Provincial de Educación se nos OBLIGÓ a hacer un curso: ‘Seguridad y salud en el sector de la educación’, lo organizaba Campus Quirón Prevención en modalidad Online.
"Alrededor del 28% de los educadores experimentan síntomas de depresión, casi el doble que en otras profesiones"
En general, los cursos de Prevención de Riesgos Laborales son costeados por las propias empresas cuando corresponden a cursos obligatorios según ley. Esto se debe a que es responsabilidad de las compañías garantizar la formación en seguridad y salud de sus trabajadores, de acuerdo con la legislación vigente.
El programa era el siguiente:
Conceptos básicos de prevención
Legislación en materia preventiva
Riesgos asociados a los centros de trabajo
Requisitos mínimos exigibles a los lugares de trabajo
Riesgos generales asociados a los centros de trabajo
Riegos asociados a la actividad docente
Esfuerzo vocal
enfermedades respiratorias y dermatológicas
Riesgo de infecciones
Trastornos musculoesqueléticos
Síndrome de burnout
Actuación en caso de emergencia en el centro educativo
Uso de pantallas de visualización de datos.
En 30 minutos cumplimos la orden ministerial y, a otra cosa, mariposa.
¿Qué habrá pagado el Ministerio a Quirón? Mejor no saberlo por si nos da un Yuyu que nos quedamos tiesos.
Deberíamos exigir otro curso, aunque lo gestionara la Quirón.
TÉCNICAS Y ESTRATEGIAS DE SUPERVIVENCIA EN LAS AULAS...
PROGRAMA.
La depresión y sus consecuencias.
Cómo evitar el acoso de padres y alumnos.
Autoestima, resiliencia, dinámica de grupos y canciones grupales para evitar cortarse las venas.
Instalación del botón del pánico en las aulas.
Reunión tipo "alcohólicos anónimos" en el que se reconozca individualmente el problema ante los demás rehabilitados.
Charlas coloquios con inspectores expertos que propongan lluvia de ideas para concienciar al alumno...
Lo mismo a la Quirón le dan el premio Nobel y comenzamos a poner en marcha el proyecto de la Ministra Alegría (que " habrá sufrido en el aula más que Cristo en la cruz" ).
Tolerancia, autoestima, respeto, valores democráticos, solidaridad, trabajo en equipo..Suena como el cuento del sapo que se convirtió en príncipe.
El 38,4% de los docentes se autopercibe en un estado emocional que podría asociarse a depresión y esta cifra se eleva al 39,9% entre los que llevan trabajando como docentes entre cinco y 15 años.
Alrededor del 28% de los educadores experimentan síntomas de depresión, casi el doble que en otras profesiones.
El síndrome del profesor quemado consiste en dejar de disfrutar de su trabajo, que en su mayoría es una vocación. Permanece de mal humor la mayor parte del tiempo y su mente está constantemente en las vacaciones o en salir de clase para regresar a casa.
¿Toda la culpa es nuestra?
Y para que no tengamos tiempo de nada nos entierran en una burocracia que acabará con la poca ilusión y la escasa paciencia que nos queda.
No estaría mal crear un teléfono de la esperanza que funcione 24 horas los 365 días del año.
Lo triste es que a este cañonazo le darán la razón pero será como el que tiene un tío en Graná, “ni tiene tío, ni tiene ná". A ver si las chinchetas me las va a colocar la Ministra, aunque ella se iría más bien a las banderillas.