Soy cacereña de nacimiento y ceutí de adopción. Ceuta me acogió cuando apenas tenía cinco años y, desde entonces, forma parte inseparable de mi vida, de mis recuerdos y de mi identidad. Entre las calles del Casar y de Ceuta crecí, y aprendí a sentir como propio cada rincón de una ciudad única, generosa y profundamente española.
Ceuta no es solo el lugar donde muchos vivimos o hemos vivido; es también el lugar donde hemos echado raíces, formado familias, tejido amistades y aprendido a convivir.
Durante años hemos vivido orgullosos de una ciudad tranquila y segura, en la que cuatro culturas han sabido convivir en paz, respeto y armonía. Esa convivencia no ha sido una casualidad, sino el fruto del esfuerzo diario de generaciones de ceutíes que han demostrado que la diversidad puede ser riqueza cuando se comparte desde el respeto, la lealtad y el amor a una misma tierra. Por eso duele tanto ver cómo esa paz se ha visto alterada y cómo nuestra ciudad atraviesa un momento que jamás pensamos que tendríamos que vivir.
Han pasado 33 días desde aquel 30 de julio en que Ceuta vio quebrada su paz. Desde entonces, nuestra ciudad no ha vuelto a ser la misma.
Nuestras calles, parques y playas, lugares llenos de recuerdos, de familias, de encuentros cotidianos y de vida compartida, se han visto ocupados de inmigrantes. La ciudad ha quedado envuelta en un ambiente de inseguridad, tensión e incertidumbre.
Se ha visto herida en su seguridad, en su normalidad y también en algo todavía más profundo: en la tranquilidad con la que siempre hemos afirmado, sin dudas ni matices, que Ceuta es España. Porque Ceuta es España por historia, por derecho, por sentimiento y por la voluntad firme de quienes la habitamos. Su identidad no puede ponerse en cuestión ni tratarse como moneda de cambio. No se cuestiona lo que forma parte de uno mismo, y Ceuta forma parte de España con la misma fuerza con la que España late en el corazón de cada ceutí.
Lejos de encontrar alivio, la situación se ha ido agravando, dejando entre los ceutíes una profunda tristeza, una dolorosa sensación de abandono y una frustración creciente ante la pasividad e inacción del Gobierno.
Los ceutíes no pedimos privilegios; pedimos respeto, protección y presencia. Pedimos que se nos escuche, que se entienda que defender Ceuta es defender a España. Cada calle de Ceuta, cada familia ceutí y cada bandera que ondea en nuestra ciudad recuerdan que nuestra españolidad no necesita justificación, pero sí merece defensa.
Por todo ello, hoy alzamos la voz con el corazón encogido, pero también con la firmeza de quien ama profundamente su tierra, para pedir el apoyo de toda España en estos momentos tan difíciles. Necesitamos que se conozca y se dé visibilidad a la situación histórica que Ceuta está viviendo. Solo con unión, solidaridad y respaldo podremos recuperar el orden, la seguridad y la normalidad que tanto anhelamos.
Gracias, de corazón, a quienes nos escuchan, nos acompañan y ayudan a que Ceuta no se sienta sola. Gracias a quienes comprenden que el sufrimiento de Ceuta también es de España, y que nuestra voz se alza con dignidad, esperanza y el orgullo sereno de ser parte irrenunciable de ella.
Cecilia Pilar Ordiales






