Ceuta ha demostrado durante los últimos años que su singularidad fiscal puede convertirse en una extraordinaria ventaja económica.
La transformación experimentada alrededor del juego online es probablemente el mejor ejemplo. Una combinación inteligente de fiscalidad diferencial, adaptación normativa, seguridad jurídica y colaboración entre las instituciones y la iniciativa privada permitió atraer a un sector que apenas tenía presencia en la ciudad y convertirlo, en pocos años, en una parte significativa de su economía. Los resultados hablan por sí solos: más del 55 % de las licencias de juego online que operan en España se han establecido en Ceuta y el sector genera ya más de 1.200 empleos directos en la ciudad.
Es difícil discutir el éxito de esa estrategia.
Pero precisamente su éxito debería servirnos para extraer una enseñanza más amplia: Ceuta puede transformar sus singularidades en ventajas competitivas. La fiscalidad es una de ellas. Sin embargo, tiene un condicionante importante: su ventaja no pertenece exclusivamente a Ceuta. Una ventaja fiscal existe mientras la diferencia respecto de otras jurisdicciones sea suficientemente atractiva. Depende de normas, decisiones políticas, marcos regulatorios nacionales y europeos y, también, de las decisiones que adopten otros territorios competidores.
Es una herramienta extraordinariamente útil para atraer actividad económica. Pero es, por su propia naturaleza, una ventaja relativa.
Existe, sin embargo, otra ventaja mucho más difícil de replicar, modificar o eliminar. No está escrita en ninguna ley ni depende de una bonificación. Basta mirar un mapa.
Su geografía.
Ceuta ocupa una posición que ninguna decisión administrativa puede trasladar a otro lugar. Está en África y pertenece a Europa. Se encuentra en una de las dos puertas del Mediterráneo, frente a Gibraltar, junto a Marruecos y en uno de los corredores marítimos más importantes del planeta. Eso no es una bonificación. No caduca. No depende de que otra jurisdicción decida mañana reducir un impuesto.
Está ahí.
Y por eso ha llegado el momento de preguntarnos qué actividades económicas, científicas y tecnológicas pueden desarrollarse alrededor de esa posición de una manera especialmente eficiente desde Ceuta.
Hasta ahora hemos demostrado que sabemos responder a una: ¿Qué podemos ofrecer para que una empresa quiera instalarse en Ceuta?
El siguiente paso debería ser más ambicioso: ¿Qué podemos construir para que determinadas empresas necesiten estar en Ceuta?
La diferencia entre ambas preguntas es importante.
El Estrecho y el Mediterráneo ofrecen algunas respuestas ante nuestros ojos: Tecnologías marinas autónomas, observación oceanográfica, comunicaciones submarinas, protección de infraestructuras críticas, inteligencia marítima, robótica, logística, investigación científica, gestión ambiental, nuevos sistemas de navegación o explotación avanzada de datos son actividades en las que la posición geográfica deja de ser una limitación periférica para convertirse precisamente en el principal activo.
Y alrededor de ellas pueden confluir universidad, empresa, Administración, investigación y financiación europea.
No se trataría de abandonar la estrategia que ha funcionado. Todo lo contrario… se trataría de evolucionarla.
La fiscalidad puede seguir siendo una magnífica herramienta transversal para facilitar que las empresas se instalen, crezcan y generen empleo. Pero quizá no debería ser siempre la razón fundamental por la que vienen, porque la combinación de ambas singularidades puede resultar mucho más poderosa que cualquiera de ellas por separado.
Si la geografía nos ayuda a identificar aquellas actividades en las que Ceuta posee una ventaja natural y la fiscalidad facilita que las empresas que las desarrollan se establezcan aquí, estaremos convirtiendo un incentivo económico en una verdadera estrategia de especialización.
Porque existe una diferencia enorme entre ofrecer mejores condiciones para desarrollar desde Ceuta una actividad que podría realizarse prácticamente desde cualquier lugar, y construir actividades cuyo valor aumente precisamente porque se desarrollan desde aquí.
El éxito del juego online demostró hasta dónde puede llegar esta ciudad cuando identifica una singularidad y sabe explotarla: el sector representa ya alrededor del 12 % del PIB de Ceuta. No es una cifra menor. Es la demostración de que una decisión estratégica puede transformar una economía.
Ahora podemos dar un paso más.
La fiscalidad puede conseguir que una empresa quiera estar en Ceuta. La geografía puede conseguir que necesite estar en Ceuta.
Y esa segunda singularidad lleva cientos de años esperando delante de nosotros.






