Soy de Ceuta.
Caballa. Y lo digo con orgullo.
Amo esta tierra con sus montañas, su mar, sus calles, sus barrios y, sobre todo, con esa manera tan nuestra de entender que, cuando alguien lo necesita, se le tiende la mano.
Pero hoy hay algo que me duele profundamente.
Me rompe el alma estar en mi casa, dormir caliente, bajo un techo, mientras sé que, a pocos kilómetros, hay seres humanos pasando la noche sobre el suelo húmedo de la Playa del Trampolín. Personas que tienen frío. Personas que tienen hambre. Personas que, como cualquiera de nosotros, sienten miedo, cansancio y desesperación.
Y lo peor no es solamente ver esa realidad.
Lo peor es sentir que ayudar se ha convertido en algo que algunos temen hacer.
Porque cuando una persona intenta acercar comida, una manta, ropa seca o simplemente ofrecer un poco de humanidad, aparece el miedo: «¿Y si estoy cometiendo un delito? ¿Y si me dicen que estoy favoreciendo la inmigración irregular?»
Y entonces ocurre algo terrible.
Dejamos de mirar a la persona y empezamos a mirar al problema.
Yo no quiero una Ceuta así.
No quiero una Ceuta donde la solidaridad tenga miedo.
No quiero que ayudar a alguien que tiembla de frío nos haga preguntarnos primero qué consecuencias legales podemos tener y solamente después si aquella persona necesita nuestra ayuda.
Porque una cosa es cumplir la ley —y debemos cumplirla— y otra muy distinta es perder nuestra humanidad.
La ley puede ordenar muchas cosas.
Pero la conciencia también nos habla.
Ceuta siempre ha sido frontera, encuentro, paso, convivencia y contradicción. Hemos vivido durante generaciones junto a personas de diferentes culturas, religiones y procedencias. Hemos aprendido a convivir porque, en esta tierra pequeña, sabemos que al otro lado de la puerta también vive alguien que forma parte de nuestra historia.
Por eso me niego a aceptar que la solidaridad sea una debilidad.
Me niego a aceptar que dar un plato de comida sea mirar hacia otro lado.
Me niego a aceptar que ofrecer una manta a alguien que duerme mojado nos convierta en enemigos de nadie.
Y también me niego a que este dolor se utilice para enfrentar a unos seres humanos contra otros.
Ayudar no significa solucionar la inmigración.
Ayudar no significa estar de acuerdo con una política migratoria.
Ayudar no significa abrir las fronteras.
Ayudar significa que, delante de nosotros, hay una persona que está sufriendo y no queremos que sufra más.
Podemos defender nuestras fronteras.
Podemos exigir que las leyes se cumplan.
Podemos pedir soluciones a las administraciones.
Podemos reclamar seguridad, organización y recursos.
Podemos discutir sobre inmigración todo lo que queramos.
Pero mientras discutimos, un ser humano puede estar pasando frío esta noche.
Y ahí es donde debemos preguntarnos qué clase de sociedad queremos ser.
Porque Ceuta no puede ser solamente una frontera.
Ceuta es también una conciencia.
Y si algún día conseguimos que no haya una sola persona durmiendo en la humedad de una playa porque hemos encontrado una solución digna, habremos hecho mucho más que resolver un problema migratorio.
Habremos demostrado que esta ciudad todavía conserva algo que vale mucho más que cualquier discurso: su alma.
Yo soy de Ceuta.
Amo profundamente a mi tierra.
Y precisamente porque la amo, no quiero perder aquello que durante generaciones nos hizo reconocernos como caballas: la solidaridad, la hospitalidad, la capacidad de tender una mano y, sobre todo, la humanidad.
Porque las fronteras pueden separar territorios.
Pero la humanidad no debería tener fronteras.
Y quizá hoy no necesitemos ser héroes.
Quizá solamente necesitamos volver a ser caballas.







Preguntas para Hamadi.
si en vez de magrebies y musulmanes, es decir tus paisanos, fuera cristianos y venezolanos o judios israelies pediras la misma ternura?
Son invasores, nadie los han invitado.
Confraternizar con el enemigo es un delito en muchos paises serios de la UE.
No se van mientras sus paisanos moros les sigan dando comida, techo previo pago y trabajos forzados.
en obras clandestinas.
Asi se pretende marroquinizar e islamizar Ceuta.
Que los acoja de nuevo su narco rey Mohamed VI, el dictador, que no participe en el mundial y destine ese dinero para sus subditos.
En Ceuta tenemos dos dichos que habria que grabar en piedra: La cabra tira al monte (por mucho dni que tengas) y si no la dan a la entrada la dan a la salida.
Gracias a Él Faro de Ceuta por publicar mi sentimiento.