Señor director:
Escribo estas líneas como ciudadana de Ceuta, una ciudad que lleva demasiado tiempo acostumbrándose a vivir en una situación que para muchos sería inimaginable.
Los ceutíes tenemos razones para estar preocupados. Y no porque queramos vivir enfrentados a nadie, sino porque nuestra realidad fronteriza nos obliga a convivir diariamente con una presión que, en determinados momentos, alcanza dimensiones que resultan difíciles de comprender.
Y la preocupación aumenta todavía más cuando sabemos que el CNI considera creíbles las nuevas convocatorias que están circulando en redes para intentar otra entrada masiva. De hecho, Defensa llegó a cancelar los permisos del personal militar desplegado en Ceuta ante la posibilidad de un nuevo intento.
Lo ocurrido entre el 30 y el 31 de julio debería hacernos reflexionar. Miles de personas intentaron llegar a Ceuta desde Marruecos y, durante horas, nuestra ciudad vivió una situación de enorme tensión. Lo que todavía no sabemos es quizá lo que más preocupa: qué hubo realmente detrás de aquella movilización y quién la organizó.
El informe elaborado por Golden Owl, vinculado al Parque Científico de la Universidad de Alicante, apunta a que aquello no habría sido simplemente una reacción espontánea provocada por mensajes que se hicieron virales. Según el estudio, existía una estructura de coordinación a través de redes sociales, grupos de reclutamiento y posteriormente canales privados de mensajería.
Si estas conclusiones se confirman, estamos ante algo que merece una investigación seria y transparente.
Porque una cosa es hablar de inmigración y otra muy diferente es hablar de una movilización masiva, aparentemente organizada, hacia una ciudad fronteriza como Ceuta.
Los ciudadanos tenemos derecho a preguntarnos: ¿quién estaba detrás?, ¿cómo se organizó?, ¿quién difundió los mensajes?, ¿existió algún tipo de coordinación? y, sobre todo, ¿podría volver a ocurrir?
No quiero que esta carta se interprete como un rechazo hacia las personas que llegan a nuestra frontera. Muchas de ellas huyen de situaciones difíciles y merecen ser tratadas con dignidad. Pero defender los derechos humanos no significa que tengamos que cerrar los ojos ante los problemas de seguridad, organización y control fronterizo.
Ceuta es una ciudad pequeña, con una realidad completamente diferente a la de cualquier otra ciudad española. Aquí las consecuencias de una crisis fronteriza se sienten inmediatamente en nuestras calles, en nuestros colegios, en nuestros servicios públicos y en la vida cotidiana de los ciudadanos.
Y hay algo que me preocupa especialmente: que terminemos normalizando lo que no debería ser normal.
No debería ser normal que los ciudadanos vivamos pendientes de nuestra frontera. No debería ser normal preguntarnos qué ocurrirá la próxima vez. No debería ser normal que después de un episodio de estas dimensiones sigamos sin conocer con claridad quién lo organizó y cómo fue posible.
Necesitamos que las instituciones investiguen, que se expliquen los hechos y que se adopten las medidas necesarias para garantizar que una situación semejante no vuelva a repetirse.
Los ceutíes no queremos vivir con miedo. Queremos seguir viviendo en nuestra ciudad, mirando hacia el futuro con tranquilidad y con la seguridad de que nuestras instituciones están preparadas para protegernos.
Porque defender Ceuta no significa estar contra nadie.
Significa defender el derecho de quienes vivimos aquí a sentirnos seguros en nuestra propia casa.
Atentamente,
Silvia Alcolea
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