Ceuta quiere saber la verdad. Quiere también que se pongan medios suficientes para garantizar que lo sucedido el 30 de julio no volverá a pasar. Tranquilizar a la población es harto complicado cuando ya existen precedentes (mayo de 2021) que poca efectividad tuvieron a tenor de las duras consecuencias vividas.
Los ceutíes necesitan hechos y no más palabras. Y esos hechos pasan por tener una frontera segura, bien alejada de debilidades como las que hemos vivido esta misma semana con la entrada un vehículo kamikaze que pudo no solo cruzar Tarajal sino llegar hasta Reyes Católicos. Otro agujero más en la seguridad de la línea que, supuestamente, es la que más inversiones millonarias ha absorbido.
El golpe contra Ceuta ha sido brutal. Y eso no puede ser sorteado con parches propios de una crisis cualquiera porque no lo es. Esto ha sido todo un atentado contra la integridad territorial, ha sido un daño terrible a Ceuta y al resto de España que no puede terminar con mensajes débiles.
La labor del Gobierno de España no es solo que Ceuta recupere la normalidad, no es solo que los que entraron salgan de regreso a su país. La labor es lograr que este pueblo recupere la confianza en un país seguro que ha demostrado no serlo. Y no se trata de un problema para los ceutíes, sino para todos los españoles.
La labor de la jueza de la Audiencia Nacional, María Tardón, no es otra que buscar la verdad y sentar en el banquillo a los responsables de todo esto, a quienes no hicieron bien su trabajo, a quienes no velaron lo suficiente por la seguridad de esta tierra y por la obligada protección a sus ciudadanos.
Ceuta ha recibido un golpe brutal que ha perseguido desestabilizar a la ciudad. Ha perseguido causar una quiebra económica, desestabilizar a sus fuerzas de seguridad, hacer que su población tenga miedo, generar inseguridades derivadas del desconocimiento.
¿A qué vinieron quienes incluso en horas se marcharon, quién les movió a hacer lo que hicieron?, ¿por qué permanecen quienes saben que van a ser expulsados sí o sí?, ¿qué se busca con la provocación de altercados de todo tipo, muchos de ellos marcados por una gran violencia?, ¿qué población hay oculta en pisos patera y por qué continúan en Ceuta?, ¿por qué sigue habiendo una población con dinero escondida en la ciudad, qué interés persiguen, a qué se dedican?, ¿cómo es posible que se haya detectado la presencia de militares marroquíes reunidos con supuestas víctimas de la inmigración, u otros realizando fotografías de concentraciones por Ceuta y España?
Son muchas las preguntas que permanecen sin obtener siquiera respuesta por parte de las fuerzas de seguridad, cuyos servicios de información están haciendo una labor encomiable detectando a personas peligrosas, incluso condenadas por asuntos de corte radical.
Lo que ha sucedido en Ceuta es gravísimo. Mucho. Por eso es obligado saber todo lo que pasó y quiénes fueron responsables.






