España avanza en las relaciones con Marruecos para obtener buenos resultados en lo que importa: el control de la inmigración, la lucha antiterrorista, el combate al tráfico de drogas y la mejora en las relaciones comerciales. Ambos países cooperan alejados de ese eterno runrún que busca reactivar antiguas polémicas, entre ellas la alusiva a cualquier quiebra de la españolidad.
En ese marco, algunos medios de comunicación han querido cuestionar el papel de Marruecos como socio estratégico por la buena sintonía que pueda haber entre Mohamed VI y Trump, buscando recuperar capítulos del pasado como el alusivo a la marcha verde.
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha sido claro a la hora de tildar de injustificado cualquier temor sobre unas relaciones entre países que son buenas, ya que Marruecos, se insiste desde el gobierno central, es un “país amigo y socio estratégico”.
Ceuta y Melilla han dado pasos importantes con la apertura y reapertura de la aduana comercial, cumpliéndose una hoja de ruta de cooperación entre ambos países sin que existan riesgos para las dos ciudades hermanas.
Cualquier intento por afear esa buena relación solo es producto de las pretensiones de algunos por convertir a las dos ciudades españolas no solo en un problema sino también en focos tensionados. Una visión bien alejada de la realidad.






