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Ceuta y España necesitan menos trincheras y más soluciones

Por Yusef Haddad
27/10/2026 - 15:37
Ceuta y España necesitan menos trincheras y más soluciones
Imagen de archivo
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I. ¿Y si dejáramos de gobernar por colores y empezáramos a gobernar para la gente?

¿Es realmente necesario que un gobierno sea de izquierdas o de derechas para hacer las cosas bien? ¿O hemos llegado a un punto en el que las etiquetas políticas pesan más que las necesidades de quienes depositan su confianza en las urnas?

Llevamos demasiado tiempo acostumbrados a una política en la que cada propuesta se analiza según quién la presenta, cada problema se convierte en una batalla partidista y cada adversario parece un enemigo al que derrotar. Mientras tanto, los ciudadanos siguen esperando respuestas.

Imaginemos, por un momento, un gobierno cuya prioridad no fuera demostrar que tiene razón, sino conseguir que las cosas funcionen. Un gobierno capaz de apoyar una propuesta de la izquierda si beneficia a los trabajadores y de respaldar una iniciativa de la derecha si mejora la economía, sin que ninguna de las dos decisiones se convierta en una cuestión de orgullo ideológico.

¿Tan difícil sería ponerse de acuerdo en mejorar la sanidad, facilitar el acceso a la vivienda, garantizar una educación digna, crear oportunidades para los jóvenes y proteger a quienes más lo necesitan?

No se trata de eliminar las ideologías ni de fingir que todos pensamos igual. Las diferencias existen y son necesarias en democracia. Se trata de entender que ninguna ideología tiene el monopolio de las buenas ideas y que gobernar exige algo más que repetir consignas.

En Ceuta, esta reflexión adquiere una importancia especial. Somos una ciudad pequeña, con problemas que afectan directamente a la vida cotidiana de nuestros vecinos y con una convivencia que debemos proteger entre todos. Aquí no podemos permitirnos convertir cada dificultad en una excusa para enfrentarnos.

Necesitamos una política que sepa escuchar, negociar y rectificar. Una política que no confunda la firmeza con la intransigencia ni la moderación con la falta de principios.

Porque, al final, las personas no pagan sus facturas con discursos, no consiguen una vivienda con enfrentamientos parlamentarios y no encuentran oportunidades laborales a través de una guerra permanente entre partidos.

Gobernar para el pueblo significa recordar que los partidos son instrumentos de la ciudadanía, no la ciudadanía un instrumento de los partidos.

II. Ceuta ante su realidad política: entre el continuismo, la izquierda y el discurso de Vox

El panorama político ceutí presenta una realidad compleja. El Partido Popular, el PSOE, Vox y las diferentes fuerzas progresistas y localistas representan proyectos distintos, pero todos deberían responder a una misma pregunta: ¿qué pueden ofrecer realmente a los ciudadanos?

El Partido Popular sigue siendo una fuerza central en la política de Ceuta. Su trayectoria en el Gobierno local y su capacidad para representar posiciones diversas dentro de su electorado hacen que no pueda analizarse únicamente desde una etiqueta ideológica. En ocasiones, su actuación puede resultar más pragmática que la de otros sectores de la derecha española.

Sin embargo, esa capacidad de adaptación también exige coherencia. No basta con presentarse como una opción moderada si después se renuncia a principios importantes por intereses electorales. El PP debe decidir qué modelo de ciudad quiere defender y explicar sus decisiones con claridad, sin utilizar la moderación como una simple estrategia de imagen.

En el otro extremo, Vox pretende convertir buena parte de la discusión política en un enfrentamiento sobre identidad, inmigración y pertenencia. Sus propuestas deben ser examinadas como las de cualquier partido, pero una alternativa de gobierno no puede sostenerse exclusivamente en la denuncia, el miedo o la confrontación. Ceuta necesita respuestas concretas sobre seguridad, economía, servicios públicos y convivencia, no únicamente discursos que profundicen en las divisiones.

Por su parte, el PSOE de Ceuta afronta el desafío de recuperar la confianza de una ciudadanía que exige resultados y explicaciones. No basta con reivindicar el progreso ni con advertir de los riesgos de otros gobiernos: también hay que demostrar que las propuestas propias pueden mejorar la vida de la gente. Si una fuerza política quiere volver a ser una alternativa creíble, debe escuchar sus errores, renovar sus planteamientos y ofrecer soluciones que se puedan evaluar.

En el espacio progresista y localista, formaciones como Ceuta Ya! y el Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía (MDyC) representan sensibilidades que ponen sobre la mesa cuestiones sociales y necesidades específicas de la ciudad. Su reto es convertir esas reivindicaciones en propuestas viables, ampliar su capacidad de convencer y demostrar que defender a Ceuta requiere algo más que señalar los defectos de los demás.

No corresponde dar por sentada la desaparición de ninguna de estas opciones ni anticipar resultados electorales que solo corresponden a los votantes. Pero sí podemos exigir a todas ellas que abandonen la comodidad de los mensajes fáciles.

Y hay algo que debe quedar claro: la política no puede convertirse en una fábrica de bulos. Criticar una gestión es legítimo; exigir responsabilidades es necesario; cuestionar una propuesta es saludable. Difundir afirmaciones falsas, descontextualizar hechos o presentar sospechas como certezas, en cambio, perjudica a la ciudadanía y deteriora la confianza democrática.

Quien tenga pruebas debe presentarlas. Quien cometa un error debe reconocerlo. Y quien aspire a gobernar debe aceptar que la transparencia no es una concesión, sino una obligación.

Ceuta no necesita partidos que compitan por quién grita más fuerte. Necesita representantes capaces de explicar qué harán, cuánto costará, qué resultados esperan conseguir y cómo responderán si fracasan.

La ciudad tampoco puede quedar reducida a una herramienta de confrontación entre Madrid y sus adversarios. La crisis migratoria, las necesidades de los barrios, la situación de los servicios públicos, el empleo juvenil y la convivencia merecen respuestas serias, coordinadas y respetuosas con los derechos de todas las personas.

No se defiende mejor a Ceuta señalando constantemente a un enemigo. Se la defiende trabajando para que sus ciudadanos vivan mejor.

III. El 29N: una oportunidad para votar con criterio y no con miedo

Las elecciones del 29N deberían servir para algo más que decidir qué partido derrota al otro. Deberían ser una oportunidad para preguntarnos qué país queremos construir y qué estamos dispuestos a exigir a quienes nos representen.

Durante una campaña electoral es fácil caer en la trampa de los dos bandos: si no estás conmigo, estás contra mí; si criticas a mi partido, favoreces al adversario; si reconoces un acierto del contrario, traicionas tus principios. Esa lógica empobrece el debate público y convierte el voto en una reacción emocional, en lugar de una decisión consciente.

¿Y si hiciéramos las cosas de otra manera?

¿Y si el 29N evaluáramos a cada candidatura por sus propuestas sobre vivienda, empleo, educación, sanidad, juventud y protección social? ¿Y si exigiéramos compromisos verificables en lugar de promesas grandilocuentes? ¿Y si dejáramos de aceptar que cualquier crítica a un partido supone automáticamente apoyar al contrario?

Eso no significa votar sin principios. Significa tener principios suficientemente sólidos como para no entregarlos ciegamente a unas siglas.

En Ceuta, además, el debate nacional debe tener en cuenta nuestra realidad particular. La ciudad necesita que las administraciones colaboren, que las responsabilidades se asuman y que las soluciones no dependan de la conveniencia electoral de cada momento. Ningún gobierno puede desentenderse de sus obligaciones porque el color político de otra administración sea diferente.

El 29N también debe servir para recordar que la convivencia no es una consigna vacía. En una ciudad como la nuestra, donde conviven personas de distintas culturas y religiones, la responsabilidad política consiste en proteger los derechos, combatir la discriminación y garantizar que nadie sea tratado como menos ciudadano por su origen o sus creencias.

Podemos discrepar sobre inmigración, economía, seguridad o políticas sociales. Podemos defender modelos distintos de país. Lo que no deberíamos aceptar es que esas diferencias se utilicen para deshumanizar al adversario o sembrar desconfianza entre vecinos.

La democracia no consiste en que todos pensemos igual. Consiste en que podamos pensar de manera diferente sin renunciar al respeto, a la verdad y a la búsqueda de soluciones compartidas.

Quizá no exista un gobierno completamente ajeno a la izquierda o a la derecha. Toda decisión política implica prioridades y valores. Pero sí podemos aspirar a gobiernos menos obsesionados con las etiquetas y más comprometidos con los resultados; gobiernos que sepan pactar sin avergonzarse, rectificar sin sentirse derrotados y reconocer los aciertos ajenos sin considerarlo una debilidad.

Ese es el verdadero debate que deberíamos abrir en Ceuta y en España.

Porque la pregunta no debería ser únicamente quién merece gobernar, sino para qué quiere hacerlo.

El pueblo no necesita ser de izquierdas ni de derechas para merecer un futuro mejor. Necesita representantes que recuerden, cada día, que el poder no les pertenece: se les presta para servir a la ciudadanía.

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Comentarios 1

  1. Manel comentó:
    hace 5 días

    Chapo Yusef, con personas como tú sí que creo en esa frase de que en Ceuta conviven cuatro culturas, a veces me cuesta aceptarlo por circunstancias religiosas interesadas por personajes a los que gustan la crispación social u obedece a directrices políticas oscuras y utiliza la religión como método para conseguir sus fines.
    Contigo me quito el sombrero Yusef, y te lo digo como cristiano y votante de VOX, tu carta es para que se la lean todos y recapaciten, es tan difícil ?
    Nuestra democracia a derivado de las ideologías en las que se podía opinar, donde yo, por ejemplo no tenía ideología política, votaba según entendía que le iría mejor al país o a la ciudad, pero desde que entró el Sanchismo nos ha dividido en innumerables trozos, hombres y mujeres, desenterrar y traer a la política una guerra civil cuyas heridas sanaron quienes la sufrieron, una guerra dolorosa y olvidada y que este personaje y sus secuaces por intereses políticos a desenterrado, a convertido a las personas gays o lesbianas en un colectivo señalado, en un geto social cuando es algo natural, nadie tiene porque explicar su tendencia sexual, nadie tiene porque tener un día, eso en sí mismo encierra esa como bien defines etiqueta de que “no somos iguales y necesitamos un día para reivindicar que no somos iguales”, un gobierno actual que se enfrentan a jueces, tribunales, una política de todos que se pelean por colocar a sus jueces afines en el Constitucional!!! Pero de verdad que algo así se ha podido permitir ??? Los jueces son jueces y jamás debería tener afinidad política reconocida ni los políticos nombrarlos para ocupar un tribunal.
    En definitiva, tus palabras son un soplo de aire fresco en este ambiente de violencia, humo y fuego.

    Responder

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