Lo he hablado con mucha gente. Con demasiada. Más que hablar, lo he lamentado. No es de recibo que Ceuta tenga unas vistas fabulosas, esté dotada de rincones fantásticos, de recorridos que nada tienen que envidiar a los de otras ciudades y seamos tan dejados que prefiramos sumirlos en el más absoluto de los abandonos. Las instituciones por un lado y los propios ciudadanos por otro somos los culpables de que esa Ceuta fantástica deje de serlo. Las primeras por su pasotismo demostrado y su incapacidad manifiesta de poner orden en sus áreas; los segundos por el nulo civismo que demostramos cuando somos incapaces de cuidar lo nuestro.
Me gusta leer los comentarios de mi apreciado José Manuel Pérez Rivera. Siento admiración por cómo vive, siente y expresa lo que nos rodea. A su vez me da lástima que todo eso se pierda porque en esta ciudad sobren los paletos con nómina a final de mes que ni quieren hacer nada ni saben hacerlo y falten aquellos que, queriendo luchar por esta tierra, sean vilmente desaprovechados porque a algunos les ha dado por poner marcas a los ciudadanos. Marcas para que si no eres del círculo 'X', de la familia tal o cual o del pensamiento ideológico de la secta no tienes derecho a nada.
Reflejo de esa degradación política y social nos topamos con espacios desaprovechados, con caminos que no se han limpiado en la vida, con restos patrimoniales que agonizan porque nadie valora su cuidado, con escenarios naturales que nadie respeta ni nadie hace que se respeten, con atentados medioambientales que nunca son sancionados (¿alguien se acuerda del famoso vertido al mar?), con inmuebles que se dejan morir para satisfacer las arcas de los especuladores, con monstruosidades urbanísticas permitidas por la clase política... y así, poco a poco, la ciudad se va desdibujando, va perdiendo su esencia y encanto, va dejando de ser lo que era.
¿Y qué hacemos nosotros? Más bien nada. Una queja, una foto, una carta, una opinión... y seguimos un sendero de despropósitos inagotable mientras la Ceuta fantástica va perdiendo, va dejando que sus playas se pierdan, que el cemento se coma la naturaleza, que las obras mal construidas como la EDAR mate nuestro medio ambiente, que las apuestas faraónicas de alcaldes de pueblo que juegan a las casitas se carguen un Parque de San Amaro o la joya de César Manrique por la cara. Adiós Ceuta, que la noche oculte tus penas. Ya es hora.
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