Todos los ayuntamientos de España están obligados por ley a garantizar una vida digna a perros y gatos abandonados, así como a las colonias felinas que sobreviven en nuestras calles. No es una opción: es un deber legal. Y, sin embargo, en Ceuta seguimos viendo cómo esa responsabilidad se ignora de manera sistemática.
La Ley de Bienestar Animal no puede quedarse en un mero papel firmado en un despacho. En Ceuta, la falta de empatía y de voluntad política ha convertido a nuestra ciudad en el ejemplo perfecto de cómo se gestiona mal una norma que nació para proteger a los más vulnerables.
Hoy, son los cuidadores de colonias —vecinos y vecinas con recursos limitados, muchos de ellos pensionistas que apenas llegan a fin de mes— quienes sostienen con su esfuerzo lo que el Ayuntamiento debería estar haciendo. Ellos compran la comida, pagan las pipetas contra pulgas, limpian, atienden y no fallan ni un solo día, porque saben que si no van, esos animales no comen. ¿Es justo que una persona mayor, enferma o sin medios económicos, tenga que cargar con un trabajo que corresponde a la administración?
El Ayuntamiento no tiene previsto ni un servicio mínimo para sustituir a estos cuidadores en caso de enfermedad o emergencia. Y eso que existe una solución tan simple como lógica: incorporar personal para esta tarea en el Plan de Empleo. Pero ni siquiera se ha planteado.
La pregunta es inevitable: ¿qué esperan nuestros políticos para cumplir la ley? ¿Por qué se sigue dejando en manos de voluntarios una obligación institucional? La respuesta es clara: falta de interés, falta de empatía y una peligrosa costumbre de mirar hacia otro lado.
Ya basta. Los ciudadanos de Ceuta no podemos seguir aceptando que el bienestar animal dependa de la buena voluntad de unos pocos héroes invisibles. Es hora de que el Ayuntamiento asuma su responsabilidad, destine recursos y apoye de forma real a quienes, con su esfuerzo y dinero, están cubriendo una vergonzosa dejación política.
Los animales no entienden de burocracia ni de excusas. Ellos solo saben de hambre, frío y abandono. Y mientras los políticos callan, Ceuta se retrata como una ciudad que incumple la ley y olvida a los más indefensos.
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