Toda Ceuta se dió ayer cita en la Santa Iglesia Catedral para despedir a quien hasta hace unos días era su delegado del Gobierno, Francisco Antonio González Pérez.
El funeral oficiado por el Obispo de la Diócesis, Monseñor Zornoza, sirvió para comprobar como un político de raza, como fue definido en uno de nuestros comentarios editoriales al día siguiente de su fallecimiento, tenía un aprecio generalizado por parte de la población. Y es que en Francisco Antonio González Pérez existirían defectos y virtudes como en todos los humanos, pero nadie podía negar que no iba por derecho y que defendía sus ideas de manera firme y decidida. Lo cierto es que Paco Antonio, como al final era conocido por gran parte de los ceutíes, tenía una virtud por encima de todas y era que no engañaba. Que llamaba al pan pan y al vino vino, Que no tenía dobleces y que su cercanía le hacía granjearse hasta la afectividad por parte de sus adversarios políticos. Desde luego no pasaba desapercibido porque era polémico. Para los medios de comunicación era un verdadero filón, porque era difícil que no diera un titular cada vez que se hablara con él. Ha tenido la despedida que se merecía. Allí estaban todos los que tenían que estar para una persona que llegó hace treinta y cinco años a Ceuta y que se quedó prendado de la misma y que durante casi treinta años ha ocupado cargos públicos tanto en Ceuta como en Madrid, y salvo en esta última ocasión, siempre por elección directa de los ciudadanos. Y ha dejado marcada una estela que se verá en los próximos años con la finalización de muchos proyectos que auspició desde su cargo a lo largo de estos tres últimos años y medio.





