Lo que está pasando en Ceuta se está convirtiendo en una situación de auténtica emergencia nacional en el ámbito migratorio. Lo ven a pie de frontera los guardias civiles, también los policías nacionales.
Las estadísticas de llegadas van a más, en lo que resulta ser una traducción del efecto llamada que ha provocado la sentencia del Tribunal Supremo. Vienen inmigrantes de todos los puntos de Marruecos para asentarse en la vecina Castillejos y emprender ruta a nado.
Da igual la hora, cruzan por Tarajal y por Benzú. Y no solo marroquíes y argelinos, también subsaharianos que están desviando el salto de la valla por la entrada a nado.
A las puertas del CETI llegaba un sudanés recibido entre gritos por otros compatriotas que grababan su entrada con teléfonos móviles.
No es el único, ese pico de entradas por vía marítima de un colectivo que no sabe nadar correctamente está en aumento, lo que no hace sino incrementar el peligro además de alimentar el negocio de los motores humanos, enlaces de las pequeñas redes de tráfico de inmigrantes que les ayudan en el paso a cambio de dinero.
Esta pasada noche ha sido de “auténtica locura”, ya como prácticamente lo son todas. Una noche en la que decenas y decenas de inmigrantes se han echado al mar.
El Servicio Marítimo de la Guardia Civil no ha cesado en la localización de personas, Marruecos también ha interceptado a unos 170 nadadores. Pero las cuentas no salen. Son más los que buscan el pase a nado que los que pueden ser interceptados.
Entran menores, adultos, también mujeres, como ha sucedido hoy. La situación es calificada como de auténtico coladero. Si las decisiones al más alto nivel no se adoptan con la urgencia debidas, las consecuencias pueden ser desastrosas para mantener un mínimo orden en la ciudad y garantizar la existencia de recursos.
No es solo un problema del Gobierno de España, sino también de Europa. La vía marítima se ha convertido en una autopista abierta en la que no se pone freno.
A las puertas del CETI aumentan quienes duermen en los exteriores hasta lograr la acogida. Cada vez más. Algunos acaban de llegar hoy, otros llevan unos días. El centro está saturado, pero lo grave es que no se pone un punto y final. Ni siquiera las salidas a la Península ayudan.
Se ha creado una especie de campamento paralelo que ocupa la entrada y parte de los laterales, además de zonas de monte. Y esto es lo que se ve, otros llegados están en viviendas. El personal del centro de estancia temporal se ve desbordado, al igual que la seguridad que intenta poner orden a las puertas de estas instalaciones.
Las consecuencias de la sentencia sobre las devoluciones en el mar y su ilegalidad se aprecian cada día, pero lo que realmente se tema es que esta situación ya desbordada es el resultado solo de unas semanas.
Existe preocupación en todos los ámbitos, sobre todo entre los agentes que afrontan esta situación a pie de frontera y quienes deben hacer malabarismos para recibirlos.
No hay personal suficiente, las muertes no cesan, tampoco el número de desaparecidos. La Ciudad ha tenido que aumentar los recursos para atender a menores, mientras que el CETI busca alternativas para evitar la situación que se vive a sus puertas.
Ceuta se expone a una situación crítica que requiere de una intervención al más alto nivel para afrontar unas consecuencias que están siendo denunciadas por todas las asociaciones de la Guardia Civil y sindicatos policiales.
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