Cruzar al otro lado. Escapar de Ceuta. Alcanzar la Península. Tres frases posibles a bordo de una sola palabra: kayak. Para los inmigrantes marroquíes y argelinos que están en nuestra ciudad estas embarcaciones se han convertido en la vía de escape para cruzar de manera clandestina, aunque las travesías no estén exentas de riesgo.
La pasada madrugada, la Salvamar Atria recogió a cuatro magrebíes: dos argelinos a bordo de un kayak y otros dos, en otro. Fueron llevados sanos y salvos al muelle y atendidos por el ERIE de Cruz Roja. No fue un servicio aislado, muy al contrario, se suma a la salidas que en las últimas semanas está llevando a cabo Salvamento Marítimo en el mar y que se saldan siempre con las mismas características: son vidas auxiliadas que se deben al soporte de una embarcación. Así, sin más.
El hecho de que muchos consigan llegar al otro lado constituye el efecto llamada que necesitan los demás para copiar la vía. Y lo hacen. No hacen más que salir embarcaciones y de algunos de sus ocupantes nada se sabe. Hace un par de semanas que se perdió la pista de dos marroquíes que estaban en Ceuta. Se subieron a un kayak con otros cuatro. Los demás fueron rescatados por Salvamento, de ellos nada se sabe, tampoco de su embarcación. Desaparecieron como tantos otros que huyen y que nunca son echados de menos, ni tampoco se denuncia sus faltas. Es como si supieran que el riesgo forma parte de esa navegación.
La llegada del buen tiempo anima este tipo de salidas. El kayak es una embarcación fácil de obtener y de manejar. No necesitan nada más. El bloqueo en el que estas personas permanecen en Ceuta anima a buscar una vía de escape irregular. Y lo más grave es que el ritmo de estas fugas no cesa.
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