Casi un mes después del encuentro ante Las Palmas, la afición caballa volvía a encontrarse con su equipo en el Alfonso Murube. El Ceuta recibía al Andorra para dar la bienvenida a un 2026 que se espera tan exitoso como el año previo.
La tarde jugaba con el deseo y la desazón, ganas de fútbol y una tromba de agua supina en un estadio ya conocido por su poca cobertura de la rabia de los cielos. Fue baja la entrada, unas tres mil, según el propio club caballa, por eso muchos asientos estaban desocupados, prefirieron que la tarde de enero fuera en casa. El césped, eso sí, estaba para pasarlo ‘pirata’ con el juego y el rodar del balón.
Inicio tibio
Los primeros fueron una pugna por el balón. Ambos clubes sabían lo clave y trascendental que era hacerse con la bola. Un esférico para dominarlos a todos y sumirlos en las tinieblas de tener que correr tras él.
Durante los primeros minutos fueron los visitantes los que amasaron más la redonda. Sin generar ningún especial peligro, obligaban al Ceuta a centrarse en defensa. Así, Bodiger, por ejemplo, recuperó un balón providencial desbaratando una ocasión más clara que no se materializó en disparo.
El Ceuta estaba bien colocado en defensa, pero no conseguía asegurarse el balón. El Andorra sí se hacía con el control de la bola, pero sus ofensivas resultan inertes y fútiles. El campo, mientras, cantaba como una “gitana loca me echó las cartas”.
Bodiger rozó el gol
La primera del Ceuta vino de los pies de Yann Bodiger. Una falta desde cerca de treinta metros fue lanzada por el francés. Al palo de portero lanzó un misil teledirigido que soñaba ser el de Declan Rice al Real Madrid. A diferencia del charro del inglés, este se vio en un beso profundo pero reticente con el larguero.
Fue el Andorra de seguido quien avisó. Justin García partió de fuera hacia dentro y obligó a Guille Vallejo a arrastrarse por el césped mojado para atajar el balón mordido y raso del hispano-portugués.
El partido no terminaba por romper en ritmo enérgico. Se sentía pausado, como si ambos equipos quisieran esculpir el tiempo. Poco pasaba en el Murube.
Youness, poco después remató de cabeza y Yaakobishvili lo mandó a córner. Ese saque iba a ser providencial para el futuro caballa.
Youness abrió la lata
Salvi Sánchez sacó un centro muy cerrado, con una rosca olímpica, que aterrizó en un barullo de jugadores. El balón dio en el omóplato de Youness, que estaba pugnando por su posición, y marcó sin rematar. Un tanto de resolución tan similar al partido tan desganado que se veía. Se adelantaba el Ceuta con su primer gol del año.
El Ceuta empezó a sufrir algún arreón más bravo del Andorra, pero seguía siendo de un manso memorable. Bien adelantada la línea se dejaba atrás a Minsu, la joyita coreana que tan poco estaba apareciendo.
Los últimos minutos de la primera parte no tuvieron mucho reseñable. Algún centro flácido del Andorra, alguna incursión sin culminar del Ceuta… pero ninguna tempestad en el Estrecho que anotar en la bitácora. Un minuto de fútbol vacío y camino a los vestuarios. 1-0 al descanso. Ventaja caballa.
Segunda parte y gol
El Ceuta comenzó con ganas, queriendo empezar con otro gol para sacar las cosquillas del Andorra. Una entrada al área de Bodiger con peligro acabó en córner.
El córner fue exquisito, sacado por Kuki. Otro centro muy cerrado, al segundo palo, encontró a Carlos solo que anotaba su primer gol de la temporada con un remate potente y a merced. En el primer minuto el Ceuta doblaba su ventaja y el capitán llevaba el júbilo a las gradas del Murube.
El partido no estaba cerrado, como tuvo que demostrar Guille poco después con dos enormes paradas de mérito. Primero Minsu se halla un rechace que repele el burgalés con su abdomen. Luego, Lautaro de León tiró un desmarque ágil y remató cruzado, Guille la mandó a córner estirando la pierna como Nadia Comaneci.
El Ceuta se gustaba
El Ceuta se gustaba y disfrutaba, empezaba a menear el balón con arte, sin filarmónica de Viena llegaba la armonía al césped del Murube. Acompañado de sonoros ‘olés’ de la grada; los jugadores caballas tocaban, sorteando con gracilidad y duende la presión del equipo tricolor. Uno, dos, tres, cuatro, cinco y hasta el infinito de pases al primer toque en una delicia visual, plástica y estética, comandado por un Bodiger que no dudó en echarse al hombro el rol de Rubén, hoy ausente. La jugada quedó en nada, con un mal control de Obeng, pero el momento de éxtasis, para el espectador se queda.
Los minutos pasaban y el equipo de Carles Manso, al contrario que su homónimo estadounidense, no lograba sembrar ni sangre ni locura sobre el césped. Los de José Juan aguantaban y el sufrir se hacía algo más burocrático que real.
El equipo caballa buscaba hacer daño en transiciones. Samu Obeng remató de cabeza un balón con bote que detuvo el meta húngaro-georgiano del Andorra.
Se movió el banquillo y salieron Salvi Sánchez y Samu Obeng. Entraron Aisar Ahmed y Marc Domènech, que debutaba con el Ceuta dos días después de oficializar su cesión por el conjunto caballa. En ese tramo no ocurrió nada más reseñable hasta otro cambio. Fue Konrad quien entró para sentar a Kialy Koné.
Penalti y gol del Andorra
Un balón largo del Andorra buscaba ganar líneas. Un jugador del equipo tricolor se halló con el balón y disparó a portería, dando ese balón en la muñeca de Matos. El brazo del utrerano estaba en una posición heterodoxa, y el árbitro señaló penalti. Involuntaria, pero no por ello menos sancionable. Clara señalización.
Manu Nieto cogió el balón para disparar desde los once metros. Raso a la izquierda de Guille Vallejo, recortaron metiendo presión a falta de 10 minutos.
El Andorra empezaba a apretar y la ofensiva se sentía más real. Guille hizo una palomita a un buen disparo del equipo del Principado.
Los últimos cambios del Ceuta eran gasolina para el mediocampo. Se iban Kuki y Bodiger y entraban Cristian y Bassinga.
El Andorra buscaba el empate, pero el Ceuta se hacía fuerte en la zaga. Uno tras otra, las incursiones eran detenidas con fiereza.
El árbitro dio ocho minutos de descuento. La afición apretaba para arropar a los suyos, mucho en juego en estos primeros minutos de 2026. El Ceuta no tenía que atacar, solo ser fuerte en su césped.
Guille volvió a ser bravo y a salir con velocidad para repeler un uno contra uno. La grada cantaba su nombre, coreaba con ímpetu al guardián verdoso del Ceuta. La tensión era palpable, y los jaleos de la hinchada parecían gritos guerreros pidiendo auxilio, fin de la batalla.
El Ceuta aguantó y el partido llegó a su fin. Los primeros tres puntos del año, regalo de Reyes por adelantado







Tendrían que ir pensando en construir un estadio nuevo. De los equipos de segunda el Murube es de los estadios más pequeños
Qué pena que algunas partes del estadio estuviesen tan vacías. A ver si cubren más partes del campo porque muchos socios querrían ver el partido en el campo pero no mojarse y estar casi dos horas mojados, así que se quedan en sus casas y no se resfrían
Así es