La tensión a pie de paso fronterizo se va manifestando en pequeños gestos que convierten en imposible la ya fracturada relación entre España y Marruecos. La frontera del Tarajal se ha convertido en el vivo ejemplo de unas fricciones que van a más. A los controles exhaustivos de los aduaneros, que decomisan hasta un paquete de galletas comprado en Ceuta ahogando aún más la salida comercial de cualquier producto, se suma ahora la imposición de un celo extremo en el control de los vehículos conducidos por ceutíes y la obligación de sellar el pasaporte a la entrada y salida.
Los nuevos procedimientos se imponen en un momento de cambio en la cúpula policial responsable en Bab Sebta y convierten a los residentes en Ceuta en objeto de análisis y registro al detalle. Los controles en el puente se hacen sobre cada vehículo: coche o moto, reclamando la documentación y el carné específico para conducirlo. En el caso de las motocicletas, son ya cuantiosos los decomisos y posterior sanción interpuestos a quienes circulaban con ellas sin el carné específico A2.
A esto se le añade, al menos desde este sábado, la obligatoriedad de sellar teniendo que hacerlo para entrar y salir, ejerciéndose controles extremos sobre la gente de Ceuta en cada uno de los puntos. Hasta entonces no era necesario. Es un paso más que se da en una frontera que se ha convertido en impracticable y que a pesar de las quejas emitidas y publicadas no se ofrecen soluciones.
La decisión se suma a múltiples gestos dados: el cierre del ‘Tarajal II’, acordado inicialmente por España, supuso el primer enfrentamiento diplomático a nivel de frontera. Nunca más se abrió. De ahí llegaron más gestos de España, como la negativa a la entrada a Ceuta de las personas que no tuvieran visado o tarjeta de trabajo. La respuesta por parte de Marruecos no se hizo esperar: no consintieron la reapertura del paso de tránsito de mercancías a pesar de los continuos avisos en falso hechos por la Delegación de que volvería a abrirse. A esto se le añadió el extremo control de los aduaneros hasta el punto de decomisar todo lo que entra de Ceuta.
Ahora el último paso que se da en este ambiente enrarecido pasa por los nuevos criterios policiales aplicados que afectan directa y exclusivamente a los residentes en Ceuta. No se han dado explicaciones ni ahora ni desde hace ya varios meses por parte de la Delegación del Gobierno.
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