Editorial

La Catedral vuelve a la agenda institucional

La reunión mantenida este jueves entre el presidente de la Ciudad, Juan Vivas, y el administrador apostólico de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Ramón Darío Valdivia, para abordar el futuro de la Catedral es una buena noticia. Bienvenida sea, y es de justicia reconocerlo. Pero la ocasión merece también una reflexión honesta sobre el tiempo transcurrido y sobre lo que estos dos o tres años de cierre han supuesto para muchos ceutíes.

La Catedral no es un inmueble cualquiera. Declarada Bien de Interés Cultural en 2008, es el principal referente patrimonial, histórico y religioso de la ciudad. Su cierre ha dejado huella más allá de lo arquitectónico: las cofradías y hermandades de Ceuta llevan varios años sin poder realizar su estación de penitencia en Semana Santa, privadas de un espacio que forma parte de su identidad y de la memoria colectiva de la ciudad.

Esa ausencia, sentida por muchos fieles, no ha tenido el eco público que merecía.

La degradación del templo no ha sido un proceso repentino. La caída de elementos externos y la necesidad de que los Bomberos retiraran incluso las dos cruces por razones de seguridad fueron señales visibles de una situación que requería intervención urgente.

El convenio entre la Ciudad y la Diócesis se firmó en marzo de 2024, hace ya más de dos años, lo que da una idea de que los pasos previos -inspección de revestimientos interiores, paramentos y bóvedas, campaña de ensayos- llevan tiempo en marcha. Ahora, con el estudio patológico concluido y una estimación inicial de costes sobre la mesa, ambas instituciones abordan ya el diseño de un plan de intervención plurianual.

Hay además una fecha que otorga a todo esto una dimensión especial. El próximo diciembre de 2026 se celebrará el Tercer Centenario de la consagración de la Santa Iglesia Catedral.

Ese aniversario no es un detalle menor: es un horizonte simbólico que debería servir de acicate para que las actuaciones avancen con la celeridad y la coordinación necesarias.

Preservar y dar a conocer el patrimonio cultural que encierra este templo es, precisamente, uno de los objetivos que justifican el esfuerzo conjunto de las administraciones implicadas.

El plan plurianual es el camino adecuado para una intervención de esta complejidad y envergadura. Nadie puede ni debe prometer plazos irreales. Pero sí cabe pedir que, a partir de ahora, los ceutíes reciban información periódica y transparente sobre el estado de las obras, la financiación y los plazos previstos.

Una ciudad que lleva años sin poder entrar en su Catedral merece saber, con claridad, cuándo podrá volver a hacerlo.

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