En Ceuta existe un problema silencioso pero cada vez más visible: el abandono constante de camadas de gatos. Detrás de esta situación no solo hay falta de recursos o desinterés institucional, sino también una creencia muy extendida que merece ser cuestionada con seriedad: la idea de que el Islam prohíbe la esterilización de animales.
Nada más lejos de la realidad.
El programa CER (Captura, Esterilización y Retorno), respaldado por la Ley 7/2023 de Bienestar Animal, es actualmente la herramienta más eficaz y ética para controlar las colonias felinas. Sin embargo, en Ceuta encuentra una resistencia particular basada en argumentos religiosos que, en muchos casos, no tienen fundamento sólido dentro del propio Islam.
El Corán no menciona de forma explícita la prohibición de esterilizar animales. De hecho, numerosos estudiosos del Islam han señalado que la religión promueve el bienestar animal, la responsabilidad y la evitación del sufrimiento innecesario. En esa línea, juristas islámicos contemporáneos han aceptado la esterilización cuando se realiza para evitar daños mayores, como el abandono, el hambre o la enfermedad.
Y ahí está la clave.
Porque mientras algunos rechazan la castración por motivos religiosos, la realidad es que muchas de esas mismas personas permiten —o al menos no evitan— que las crías acaben abandonadas en la calle. Camadas enteras aparecen en contenedores, solares o a las puertas de protectoras desbordadas. Una contradicción difícil de justificar desde cualquier punto de vista ético, y también religioso.
El Islam, al igual que otras religiones, insiste en la compasión hacia los animales. Existen hadices (dichos del profeta Muhammad) que condenan el maltrato animal y ensalzan a quienes los cuidan. Permitir que nazcan animales para luego dejarlos morir o sobrevivir en condiciones extremas no encaja con esos principios.
La negativa a esterilizar no solo agrava el problema, sino que lo perpetúa. Cada gata sin castrar puede tener varias camadas al año, multiplicando exponencialmente una población que ya está fuera de control. Sin intervención, el resultado es más sufrimiento: enfermedades, atropellos, peleas, hambre y una presión constante sobre asociaciones que no dan abasto.
El problema, por tanto, no es religioso. Es cultural, informativo y, en muchos casos, de responsabilidad individual.
Ceuta necesita avanzar hacia una convivencia más coherente entre creencias y acciones. Defender que no se puede castrar “porque lo dice el Corán” es, sencillamente, una interpretación errónea que está teniendo consecuencias muy reales y graves.
Porque al final, la pregunta es simple: ¿qué causa más daño, esterilizar o abandonar?
La respuesta, tanto desde la ética como desde el sentido común —y también desde una interpretación responsable del Islam—, parece evidente, lo que menos daña es la castración.
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