Habían pasado más de siete horas desde que había bajado del barco cuando ayer a las siete de la tarde el timonel del Katrine Krog volvía sin haber cobrado el dinero prometido. Justo en ese momento, en el camino de retorno al puerto, sonaba el teléfono.
Era el armador del Katrine Krog dando, ahora sí, el código correcto de la transferencia. Se suponía que ahí iba nlos 2.000 dólares americanos del mes de noviembre para Jorge Mejía, a quien habían dado la incapacidad laboral temporal por un accidente que tuvo arreglando las máquinas del barco. Podría volver a casa.
Pero no. Resulta que el armador del barco había enviado la transferencia a George, y no a Jorge; además, al parecer no eran los 2.000 dólares. Vuelva usted mañana cuando tenga los datos y nos aseguremos de que es para usted el dinero del código de transferencia que me da. Pero es que mañana igual no puede volver está abandonado en un barco. Es que no puedo hacer nada.
Vuelta al barco, mientras el armador le dice de paso que si pueden ir para Gibraltar, que en dos o tres días tendrán, esta vez sí, el fuel y el avituallamiento, y el relevo de tripulantes para quienes quieren irse. Pero muchos de ellos tienen facturas que pagar, por ejemplo él, que necesita esos dos mil dólares como el agua para pagar un plazo de la hipoteca de la casa donde viven su mujer y dos de sus hijos; un plazo más impagado, y embargo.
Que Jorge haya podido salir del barco ha sido un milagro obrado, en gran parte, por la Cruz Roja. Se dirigían precisamente esta mañana para entregar, a bordo de una lancha neumática, material médico: insulina para Luis Antonio Regalado, a quien se le había acabado y tuvo que ser evacuado el pasado domingo del barco hacia Urgencias. Allí se le administró la insulina y permaneció en observación, hasta que rato después volvió a la embarcación.
Mientras el equipo de Cruz Roja se preparaba ayer en la base ‘Bravo 2’, en la ampliación de Poniente del Puerto, recibieron el aviso de que tenían que hacer una evacuación. Se trataba de Jorge, que había recibido el dinero.
Pero no, no lo había recibido, al menos no con ese código de envío. Llamada al capitán, espera, llamada del capitán, llamada al armador, espera de tres horas, emprender el camino de vuelta, y llamada del armador: ya tienes el dinero, y por cierto moved el barco a Gibraltar que en dos días llegará el dinero.
Según afirmó el armador, esta vez sí que ha llegado a un acuerdo con una consignataria. Prefiere no revelar su nombre, pero por su parte, el Gobierno Boliviano, estado propietario de la bandera, informó de que trabajan con una consignataria en concreto basada en Londres. Esta empresa, contactada telefónicamente, aseguró lo mismo que el resto: que se habían iniciado las negociaciones, pero que no había ningún tipo de acuerdo definitivo.
Así que vuelta a casa (al barco). Quedan entre 2 y 3 toneladas de combustible, y al armador se le acaban los días antes de que éste se termine y se ordene la entrada al Puerto de Ceuta por motivos de seguridad, lo que le llevaría probablemente a perder el barco.
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