Majestad: Con todo mi respeto voy a mostrarle, a través de este medio de comunicación, un problema generacional que hasta cierto punto es vergonzante en los tiempos actuales. Se trata de la españolísima ciudad de Ceuta (y de su hermana Melilla). Ambas capitales, enclavadas en el norte del continente africano, con arraigo y conciencia de hispanidad, con una pertenencia a la comunidad nacional anterior a la existencia de los estados de Argelia y de Marruecos, viven con ansiedad su futuro, ante la ignorancia de la mayoría de los españoles. Es más, ni el mismo gobierno de Su Majestad parece querer dar la cara públicamente ante incongruente cuestión. Sigo creyendo que, con todo respeto, el problema real que afecta a nuestra nación es la nefasta gestión de los políticos que nos gobiernan, cuyo único afán es permanecer en el poder a cualquier precio.
En Ceuta concretamente, hay una grave psicosis futurista de los países vecinos ante las ansias expansionistas. Y bien sabe Su Majestad que Ceuta es una ciudad apetecida por los musulmanes de la punta septentrional de de Africa, separada de la España peninsular por las aguas del Mediterráneo y por la distancia geográfica, y que sus habitantes defienden su conciencia nacional, confinadas a un aislamiento espiritual.
Y es que los peninsulares, Majestad, somos muy especiales. Bien es cierto que antiguamente la mayoría iban a Ceuta a comprar nada más, desembarcaban a toda prisa; adquirían paraguas, cassette, wisky, tabacos, radios en los mil y un bazares de la calle principal y luego se las piraban a toda prisa en el ferry de por la tarde. Y los ceutíes contemplaban a esta marabunta con escepticismo. Gracias a Dios las cosas han cambiado en este sentido.
Pocas capitales habrá en España, Majestad, con mayor psicosis de incomprensión. Pocas también con un patriotismo más acendrado y a flor de piel, ahora que esto del patriotismo ha ido tomando aire un poco arcaico, la españolidad de Ceuta estalla como un fuego de artificio. Porque los hombres y mujeres de Ceuta están dispuestos a defender su ciudad, entiéndase honor, hasta la última gota de su sangre. ¡Y eso lo repiten día y noche, sobre todo en las manifestaciones¡.
Yo le rogaría a Su Majestad que no piense que trato de dramatizar o de contar cuentos chinos, sino que todo es verdad. Ceuta tiene la enfermedad del miedo al futuro. Los ceutíes viven un presente problemático, pero temen que el futuro sea peor o al menos más dudoso. Algunos habitantes ocultan su temor en los pliegues de la arrogancia, otros en el fatalismo, muchos miran fijamente, como desesperado, hacia la tierra que en los días claros se divisa al otro lado, Gibraltar, otra espina española, lejana y familiar, aunque tal vez indiferente.
Le podría comentar más detenidamente sobre las reivindicaciones laborales, desempleo, economía, aspectos sociales de sus habitantes, de los jóvenes, de la cultura. Pero no deseo, Majestad, incordiarle por más tiempo. Sí le podría comentar que el problema, yo diría que casi más importante, radica en el poderoso vecino marroquí, que no deja de manifestar en sus reivindicaciones territoriales que “Ceuta y Melilla pertenecen a Marruecos”. Por esa razón, Señor, ¿qué le puede ocurrir al pueblo de Ceuta en un futuro no lejano?.?¿Habrá petición, en lo Contencioso, por parte de Marruecos?.
Tal vez Su Majestad se pregunte que esta cuestión debería resolverse por los medios reglamentarios de Estados. Es decir, a través del Congreso de los Diputados y del Senado. Señor, su pensamiento es justo, pero la realidad es otra, y se lo digo con todo respeto.
Ceuta aún le queda dos espinas que están clavadas con profundo dolor en su alma. Una, la ausencia de Su Majestad en Ceuta para infundir esa gran esperanza que inculca su augusta persona, y lo vería con muy buenos ojos esta ciudad, fiel a la Corona. Y la otra espina, Majestad, es la todavía marginación de este pueblo, sobre todo por los políticos. Antes de las elecciones todos los partidos políticos abogan por la integridad de este territorio, pero pasada las elecciones todo es papel mojado.
La ilusión de todos los ceutíes es vivir como español integral, y no estar condenado a seguir viviendo con un futuro doloroso, por culpa de los errores de los políticos peninsulares.
Su Majestad tiene la palabra y gracias por leerme. Dios le guarde y a su familia.
Su leal Español, Alberto Álvarez Pérez.






