Ceuta, 3 de septiembre de 2025
A quien corresponda:
Ayer se conmemoró el Día de la Ciudad Autónoma de Ceuta, una fecha que debería ser motivo de orgullo colectivo, de encuentro entre vecinos, y de celebración de nuestra identidad compartida. Sin embargo, lo que debería haber sido una jornada festiva y participativa pasó prácticamente desapercibida para la mayoría de los ceutíes. No fue declarado día festivo local, y su celebración institucional se limitó a la concesión de las Medallas Autonómicas a ciudadanos destacados en los ámbitos deportivo, científico e institucional.
No se cuestiona el mérito de los galardonados, sino el proceso por el cual se decide quién merece tal reconocimiento. Las propuestas emanan exclusivamente de los partidos políticos representados en el Pleno de la Ciudad, sin que exista un canal de participación ciudadana que permita a la sociedad civil proponer, valorar o incluso celebrar a quienes nos representan con dignidad y esfuerzo. Esta falta de inclusión no solo empobrece el acto, sino que contribuye a una creciente sensación de desarraigo entre la ciudadanía.
"Es momento de repensar cómo queremos celebrar nuestra ciudad. ¿Queremos que el Día de Ceuta sea una fecha que nos una o una que nos recuerde lo lejos que estamos de quienes nos gobiernan?"
El Día de Ceuta debería ser una oportunidad para fortalecer el sentimiento de pertenencia, para que todos –sin distinción de origen, ideología o condición– podamos sentirnos parte de una comunidad viva, diversa y orgullosa. En cambio, lo que se percibe es una celebración institucionalizada, alejada del pulso real de la ciudad, donde los políticos parecen celebrar entre ellos, mientras el pueblo observa desde la distancia.
Es momento de repensar cómo queremos celebrar nuestra ciudad. ¿Queremos que el Día de Ceuta sea una fecha que nos una o una que nos recuerde lo lejos que estamos de quienes nos gobiernan? La respuesta debería ser clara. La identidad ceutí no se construye desde los despachos, sino desde las calles, los barrios, las escuelas, los clubes deportivos, los centros culturales y, sobre todo, desde el corazón de su gente.
Por todo ello, hago un llamado a las instituciones para que abran este proceso a la ciudadanía, para que el Día de Ceuta sea verdaderamente de todos. Porque solo así podremos sentirnos parte de algo más grande que nosotros mismos: una ciudad que nos representa, nos escucha y nos celebra.
Con respeto y esperanza,
Manuel Jesús Toledo Roldán
Ciudadano de Ceuta.







Sr. Toledo:
Al no existir una "identidad compartida", como Ud bien cita en su opinión, un sentimiento común que nos represente como ceutíes, por encima de ideologías y sensiblidades políticas, en la que nuestro rico patrimonio histórico debe ser el referente que marque una fecha común lejos de reconocimientos particulares o partidistas.
Unos reconocimientos mal planteados que honra a unos y deshonra a otros, y desde mi propia modestia, se aleja de una realidad, que debería ser el ejemplo de convivencia de una ciudad que fue cosmopolita durante los periodos más signficativos de nuestra historia común (romana e islámica).
De ahí, que sea necesaria una fecha consensuada que nos una a todos por encima de las injerencias de la ultraderecha española en dividirnos, y sobre todo, en debilitarnos como pueblo.
Lo que todo indica que este problema de indentidad, al menos en una fecha que sea común a conmemorar la idiosincrasia de este pueblo, permitiendo consolidar definitamente nuestra identidad compartida, siendo el pueblo quien sabiamente en un referéndum, decida de las fechas que se han planteado desde el IEC ( o la que planteen los ciudadanos desde la objetividad histórica de esta ciudad), la que mejor nos identifique dentro de esa complejidad que la propia historia nos plantea.
Efectivamente, como Ud bien dice "la identidad ceutí no se construye desde los despachos, sino desde las calles, los barrios, las escuelas, los clubes deportivos, los centros culturales y, sobre todo, desde el corazón de su gente", y si el corazón no lleva los nutrientes que nos identiquen a todos por igual, aunque sea festivo para el 2026, no hará que latan todos los corazones de los ceutíes para que sientan y oigan nuestros latidos en todas las latitudes.
¿Cómo va a existir una identidad compartida si excluís por religión?
No es un asunto de Ceuta. Ocurre en todo Europa. El grupo es cerrado, allí donde va no se adapta, suplanta al grupo autóctono.