Risueña y en voz alta, Marina ‘la Caracola’ ha hablado con la vista puesta en su teléfono minutos previos a su concierto. Ha pasado un rato a través de la pantalla con sus seres queridos antes de hacerse con el escenario y el púbico de la Tertulia flamenca de Ceuta.
Ataviada con una chaquetilla con flecos y con una copa en la mano, ha calentado la voz antes de embelesar a los asistentes. Llegada desde Algeciras y acompañada por el guitarrista José Carlos Torres, la cantaora ha compartido sus impresiones sobre la ciudad a poco de comenzar su actuación.
“Esta es la segunda vez que vengo. Lo hago con alegría porque siempre que venimos nos tratan con mucho cariño. No nos falta de nada”, ha expresado. “Me ha sorprendido ver a tantas personas. No sabía que había tanta afición al flamenco aquí”, ha destacado. Algunas caras le han resultado conocidas de la vez anterior, un motivo que la ha hecho sentirse agradecida.

Repertorio
‘La Caracola’ en esta ocasión se ha decantado por un repertorio lleno de seguidillas, cabales, bulerías, cantiñas y zambras. “Hay un poquito de todo. Como suelo decir, un ‘potajito’”, ha bromeado.
Eso sí, tampoco olvida a sus raíces, razón por la que “los cantes de la tierra” también han sido parte de los ingredientes de este espectáculo cultural. Marina ha asegurado que es tan de su ciudad natal que precisamente su estilo personal lo marcan sus orígenes.
“Soy muy gaditana. Ese es mi toque, mi personalidad y mi particularidad. Siempre se me nota que me tira mucho. Es por lo que se me conoce. Al fin y al cabo, el flamenco del sur cuenta con artistas muy grandes de muchos lugares de Andalucía”, ha manifestado.

Camarón y la Jara
La algecireña bebe de voces como la de Carmen de la Jara, Mariana Cornejo o Camarón. “También me gustan mucho cantaores en esa línea como, por ejemplo, Aurora Vargas”, ha comentado.
Los tres citados han sido con los que se ha criado en su infancia. “Los he escuchado prácticamente desde niña. Son mis referentes”, ha indicado. Aunque es cierto que desde bien temprano tuvo contacto con artistas, la realidad es que su pasión por el género es una herencia familiar.
“Me viene de parte de mi madre. Uno de mis tíos cantaba. También tengo allegados bailaores. Canto desde que soy pequeña”, ha detallado. A pesar de que ‘la Caracola’ ha mostrado que tiene tablas en el concierto, lo cierto es que su trayectoria empezó hace cuatro años.

Oportunidades
“Trabajo cada vez más. Me van saliendo oportunidades. Estoy abierta a todas, ya sea ir a un bar, a una peña o a una fiesta privada. Voy a donde me llamen. He ido de forma altruista en muchas ocasiones. No digo que no a nada”, ha asegurado.
Marina no solo se limita a cantar. Se dedica a hacer crochet, toca las castañuelas y baila. Antes de entrar al local, ha compartido unas palabras de agradecimiento hacia Andy Gutiérrez, presidente de la Tertulia flamenca.
“Siempre abre las puertas a los artistas. Es muy difícil encontrar sitios en los que se muestre el género en vivo. Le agradezco que se acuerde de nosotros”, ha señalado.
'Arsa'
‘La Caracola’ ha dejado la calle para refugiarse en el interior de la sede de la asociación. Este domingo las mesas han estado a rebosar. La cantaora ha pasado entre los comensales antes de salir al escenario.
Esta vez ha dejado a solas a José Carlos de la Torres por unos minutos. Le ha decido el comienzo de la actuación, un momento que ha aprovechado para enseñar su talento con la guitarra. Al finalizar, él la ha invitado a subir al escenario.
Tras presentarse, ha roto el murmullo con los quejíos de su potente voz. A capela, durante un buen rato, ha deleitado al público. Al poco ha animado a su compañero a tocar con algún que otro ‘arsa’.

Aplausos
Marina ha cerrado los ojos para dejarse sentir. Ha temblado hasta hacer que el eco de su cante resuene en la calle. Los aplausos no se han hecho de rogar. Después de aclarar un poco la voz, ha proseguido el concierto con una zambra de Parrita y Paco de Lucía. “Se la dedico a ellos y a vosotros”, ha expresado.
Torres le ha allanado al terreno con las primeras notas en su guitarra. Ha calentado motores antes de unirse. Ha chasqueado los dedos para seguir el compás y ha entrado en escena.
Todos en silencio y sin perder la atención, la han contemplado. Ni si quiera se han percatado de la improvisada entrada a la sala de una paloma. “No hay flor como la amapola ni cariño como el mío, que me sentenciaron a muerte por tenerlo repartío. Y a las dos de la mañana me vinieron a llamar tres pares de ojitos negros y me tuve que entregar”, ha interpretado.






