La Sala de lo Penal de Primera Instancia del Tribunal de Apelación de Tánger dictó el pasado jueves 18 de septiembre una condena a cadena perpetua contra un hombre acusado de causar la muerte de su esposa tras arrojarle encima aceite hirviendo. El dramático caso ha conmocionado a la ciudad y ha puesto de nuevo sobre la mesa el problema de la violencia en el ámbito familiar.
El acusado, identificado como “M. A.”, compareció en una breve sesión de juicio en la que reconoció haber arrojado el aceite a su mujer, aunque insistió en que lo hizo “sin darse cuenta” y sin la intención de matarla. Su relato, sin embargo, contrasta con las versiones ofrecidas por la familia de la víctima, que sostiene que el acto fue premeditado.
Durante su intervención en el tribunal, el procesado describió su matrimonio —que duró un año y ocho meses— como una relación llena de disputas. Según sus palabras, él se sentía “víctima” en esa convivencia. Afirmó que mientras su esposa solía pasar las noches fumando shisha, él trabajaba hasta altas horas con clientes de países asiáticos a través de internet.
El acusado relató que, en una de esas noches, tras permanecer despiertos discutiendo hasta la madrugada, se dirigió a la cocina para preparar comida y puso aceite a calentar. En ese momento, según su versión, su esposa lo insultó de una forma que no pudo soportar, por lo que decidió lanzarle el aceite hirviendo en un acto de ira. “No lo planeé ni quise matarla”, declaró ante el tribunal.
No obstante, las consecuencias fueron fatales: la mujer sufrió graves quemaduras de segundo y tercer grado que terminaron causándole la muerte.
Las declaraciones de “M. A.” provocaron la indignación de los familiares de la víctima, quienes aseguraron a los medios de comunicación que el acusado actuó de manera calculada. Según ellos, la mujer estaba dormida en su cama en el momento del ataque, y el marido preparó deliberadamente una olla con una gran cantidad de aceite, lo calentó y fue al dormitorio para arrojárselo encima.
Además, subrayaron que la cantidad de aceite utilizada no era la de una simple preparación de cocina, sino mucho mayor, lo que prueba —según sus palabras— la clara intención de causarle un daño irreparable.
La sentencia de cadena perpetua fue recibida como un alivio para la familia de la víctima, que reclamaba justicia por un crimen que consideran brutal y premeditado. El caso ha generado un intenso debate en la opinión pública de Tánger sobre la violencia machista y los mecanismos de protección a las mujeres frente a situaciones de riesgo en el ámbito doméstico.
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