La denuncia tiene sus años. No es difícil dar una solución al problema, el de las identificaciones de los cuerpos de inmigrantes encontrados en nuestras costas. No es difícil dar una solución, salvo un detalle. Los muertos no votan. Y si esos muertos además importan bien poco al poder, nada harán por aminorar el dolor de las familias facilitando recursos para mantener los cadáveres un tiempo hasta lograr su plena identificación. Los continuos fallecimientos de inmigrantes en las costas de Ceuta ni siquiera trascienden al ámbito informativo nacional. No lo hacen porque no interesan. Las cadenas de los grandes medios dicen, literalmente, que ‘eso no vende’. El auténtico drama que se registra en nuestros espigones, con cuantiosas muertes y desapariciones, se ahoga aquí. En cambio sí que interesa que una morsa se bañe encima de una lancha o la primera tontería recogida en un vídeo casero. Con eso llenan informativos e incluso se atreven con aperturas. Con las muertes de jóvenes e incluso niños, no. Ni una mención.
Desde hace años se ha solicitado que haya unas instalaciones para mantener un tiempo prudencial los cuerpos de estos jóvenes fallecidos en su intento por cruzar a Ceuta. Un tiempo prudencial para, al menos, hacer las gestiones básicas que puedan servir para identificarlos sin tener prisa por darle sepultura. No cuesta mucho pero, en cambio, el bien que se alcanza es grandioso, porque no hay mayor satisfacción que conseguir que las familias sepan el paradero de sus hijos e incluso puedan gestionar la repatriación de sus cuerpos a la tierra que les vio nacer para enterrarlos allí.
Ceuta sigue teniendo esta asignatura pendiente que se pone de manifiesto estas semanas después del pico de muertes registrado. Se ha dado la casualidad de llevarse a cabo un enterramiento de un joven de 23 años sin identificar que, a los pocos días, fue reclamado por sus familiares. Pudieron verificar que era él por unos tatuajes muy llamativos. Quisieron repatriarlo para enterrarlo en Marruecos, para poder velarlo, pero ya era demasiado tarde: se le había dado sepultura en Sidi Embarek. Esta historia no es nueva, ha pasado ya con anterioridad en varias ocasiones. La falta de recursos para mantener los cuerpos lleva a unas situaciones de dolor para familias que no pueden despedirse y que además, a pesar de reclamar la exhumación del cuerpo, esta no se podrá llevar a cabo hasta años posteriores de acuerdo con el reglamento mortuorio.
El mundo al revés se empecina en ser insistente en Ceuta. Los muertos no votan y además estos tampoco interesan. Por eso nada hacen, por eso ni se preocupan en interesarse por lo que está pasando. Luego, eso sí, somos capaces de inaugurar una estatua dedicada a la convivencia y a los inmigrantes, mientras que en las decisiones que realmente importan seguimos yendo con atraso y sin corazón.







Ya sabe ..aqui son los politicos son los que hacen y deshacen y los medios de comunicacion rematan la faena..