Unas lágrimas cayeron en el campo y no fue por emoción, sino por rabia que había sido contenida durante tantos días.
Esas jornadas que marcaron un antes, y un después, de la normalidad a la realidad.
Un punto que sabía a poco, pero mejor eso, a no tener nada.
Remar contra la adversidad, lo que tenemos, hoy, por hoy, la cantidad de lesiones, y un público que ve, observa, y paciente desea ver a su equipo, en una zona tranquila, lo antes posible.
Pero los ensayos valieron para mucho, tanto que vimos algo nuevo que había sido positivo, un hombre que estaba allá al otro lado de un primer equipo, pero con su número 32 ha enamorado a los que ven el fútbol.
Garra, ganas y unos atributos de gran jugador, que hicieron ser un gran ancla de lo que nos hacía falta.
Mirando al pasado, un número 5 que todos temíamos, pero que era fundamental, como otro grande, que el Madrid traspasó.
El día salió con esa niebla del Levante que nos está arropando en estas fechas, y nos puso con un pie entre las ganas, las dudas, y finalmente el peregrinaje hacia nuestro sagrado lugar de reunión. Nuestro Alfonso Murube, que sigue, con su vejez, encerrándonos en un mundo de cuentos y de Adas madrinas, pero con la salvedad que somos ya bastante veteranos.
Y con un nombre por batir, un escudo de las vascondadas, que es la mirada del buen fútbol, cuna de los mares que se abren para hacer parcelas de arenas, donde sus cachorros disfrutan del arte del fútbol, maduran con una condición física y mental, y son exponente de muchos grandes retos, como son por ejemplo, la cantera de los grandes porteros de nuestra selección española, que hoy en día tiene a un representante como es Unai, no siendo de la Real, pero si con ese signo.
Y comienza el partido con esas variantes que nuestro genio ha planteado, con una dupleta delantera compuesta por el Kuki Zalazar y nuestro caballa número 23.
Lanzamos más veces a portería, que ningún día, pero nos seguía faltando puntería, y se pasaba de dar vueltas dentro del área Anuar.
Pero volvieron los malos augurios sobre nuestras cabezas, al ver un nuevo gol en nuestra portería, y fue cuando nuestra fiel hinchada lanzó una consigna que nos une, los lanza con la confianza de un gran guerrero: "Un caballa nunca se rinde", y allá un caballo blanco con el número 6 en sus espaldas, puso su cabeza y el empate apareció, aunque los nervios aparecieron nuevamente al observar que el VAR estaba reconociendo la acción, y que después de más de cinco minutos dónde todos nos mirábamos con una incredulidad de no comprender lo que estaba pasando, fuera anulado.
Gran palo, pero que tuvo una gran repercusión en las gradas: "manos arriba, esto es un atraco".
Y volaron los nervios, las ganas, y el juego no era bueno pero se veía otra actitud, y nuestro capitán, se puso el traje de súper Man y volvió a meter dos goles de cabeza, que hacía justicia a lo visto sobre el terreno de juego.
Y el broche final el gol de un Escobar, que solo tuvo que empujar una asistencia.
Los puntos, tres, los primeros de este año, como ganador de un partido, están en el morral.
La afición partió hacia casa con una sonrisa en su cara, aunque viera al final del partido una tensión tan grande, que deparó en más que palabras al finalizar el encuentro.
Todos queremos más, son nuestras ganas.
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