De él se sabe que salió de Senegal y que había cumplido ya los 30 años y llevaba flotando en el Estrecho varios días a 43 millas de su sueño. Ahora descansa en Santa Catalina tras una y sentida ceremonia Era de Senegal, había cumplido ya la treintena y llevaba varios días muerto. Poco podía prever cuando salió de su casa en busca de una vida mejor que lo único que encontraría en tierra europea iba a ser un féretro, una bendición y esperanza de alcanzar la paz en la vida eterna. Esas fueron las palabras del padre José Manuel González, que ofició una ceremonia sencilla acompañados del personal del cementerio, de la funeraria y las hermanas Vedrunas acompañadas de un chico que quizá partió de su casa con las mismas esperanzas que por el que ahora rezaba un Padre Nuestro sin conocerle. “Qué menos que darle un entierro digno”, apuntaba el sacerdote reconociendo que uno nunca termina de acostumbrarse al drama de la inmigración.
“Es muy duro”, explicaban las hermanas Vedrunas que desde la Asociación Elín llevan años atendiendo a los inmigrantes que llegan a Ceuta sin nada que perder pero con mucho que ganar. “Si llegan y les acoge la vida bien, pero cuando la acogida es una muerte, aún cuando llevan luchando tanto por llegar en busca de mejorar o simplemente en busca de vivir, es tremendo”. Es entonces cuando ellas, que conviven a diario con esta realidad, se preguntan si hay o no justicia porque “ellos no mueren por algo malo, sino simplemente porque buscan vivir con dignidad o luchando por encontrar la paz que no encuentran en sus países de origen de los que no se van por gusto”.
Saar fue encontrado por un petrolero a 43 millas de la costa ceutí. Llevaba la documentación encima, lo que ha facilitado saber tanto su país de procedencia como su nombre y edad. En el CETI ninguno de los inmigrantes que reside allí recuerda haberse encontrado con él en el trayecto. Un trayecto que ya ha llegado a su fin.
Allí, en el pasillo de Santa Beatriz de Silva, en el centro del Cementerio de Santa Catalina, descansa de su travesía Saar Yatta. No llegó a buen puerto. O sí. “Nosotras pensamos que esta muerte no puede ser en balde, que se convertirá en semilla de resurrección...eso es lo que nos da fuerzas para seguir”.






