Uno de los rangos que identifican a una sociedad en declive es su incapacidad para definir los horizontes de su futuro. Eso decía Saramago, y bien que decía, pues no es fácil definir horizontes de futuro, sobre todo si no se tiene la valentía suficiente, ya no sólo de tipo moral, mental, física o de capacidad de renuncia a estereotipos y moldes de complicado desahucio. Si todo eso es difícil sin ese tipo de alforjas, hay que imaginar cómo lo tienen los que ni piensan en eso, vamos que no saben ni se plantean la existencia de futuro ajeno a su propia dimensión y a cuanto orbite cerca o lejos de ella.
Está pasando. Ceuta está en declive, y poco es el valor que aparece para enfrentar ese futuro del que habla Saramago. Lo que vemos, lo que leemos, lo que nos dicen, nada identifica futuro cierto, de tipo estructural, de cambio de cientos de años ensimismados en nosotros mismos, como pequeños dioses, que se piensan eternos y todopoderosos, capaces de cualquier cosa, invencibles, henchidos por ego incontrolable, como cisnes de plumas aterciopeladas, dueños de estanques impolutos, de mirar altivo, de alas que se mecen como halo intangible, mirando a cuanto se atreve a levantar cabeza con redobles de aristocracia que no se alcanza, empedernidos en parecer sin ser.
Poco tiempo nos queda para hacernos con la valentía suficiente para afrontar el futuro que se nos avecina lleno de brumas y puertas impenetrables. Tanta carga hacia un mismo destino devuelve hastío. Ya es suficiente, mejor armarse de atrevimiento, girar un poco la cabeza y valorar nuevos destinos, sin dejar los otros. Marruecos, tan cercano y tan desconocido.
Contaba Juan Goytisolo que,dando una conferencia por Granada sobre Marruecos y ya en tiempo de descanso, alguien se le acercó, diciéndole: “...He vivido treinta años en Larache, pero, créame, aún a día de hoy no he conseguido comprender la mentalidad de los marroquíes...”; a lo que Goytisolo contestó: “¿Sabe Ud decir buenos días en árabe?”, el hombre contestó que no, que no sabía. Goytisolo le dijo: “...Hizo Ud. poco por comprenderles...”
Ya no sólo son los buenos días, sino las cosas más básicas, es la filosofía del entiéndeme, que me necesitas. Los tiempos están cambiando; y con ellos, las gentes, pero no quienes tienen poder de decisión, aquellos a los que se refiere Saramago, esos van despacio, llevan peso y luchas en sus cabezas, van sin ir, hacia nadie sabe donde.
Podremos mecer lustrar muchas mesas por la economía, subvencionar con muchos millones organismos que nada y menos hacen, apoyar entidades camerales que nadie explica para qué y por qué están en babia permanente, confederaciones y otras patentes con perfil del guadiana, todo eso y mucho más, pero si no sabemos decir buenos días en árabe, poco adelantaremos junto a nuestros vecinos, pues ellos ya saben decir buenos días en español, desde que nacen.
Bien que lo decía Saramago y Goytisolo.





